Capítulo 141

Los discípulos imploran a Jesús misericordia para los pecadores.

Y cuando los discípulos oyeron esto se prosternaron venerando al Maestro y le dijeron: "Ayúdanos Señor y ten misericordia de nosotros para que podamos ser salvados de estos castigos inícuos designados a los pecadores. ¡Ay de ellos, Ay de los hijos de los hombres! porque andan a tientas como el ciego en la obscuridad y nada ven. Ten misericordia de nosotros Oh! Señor, por la gran tiniebla en que nos encontramos. Y ten misericordia por toda la humanidad, porque ellos acechan en espera de sus almas, como leones por su presa, para tenerlas prestas como alimento para los castigos de sus arcontes a causa del olvido y la ignorancia que hay en los hombres. Ten misericordia de nosotros nuestro Señor, nuestro Salvador, ten misericordia de nosotros y sálvanos de este gran adormecimiento."

Jesús anima a sus discípulos.

Jesús dijo a sus discípulos: "Tened confianza y no temás, benditos seáis, porque haré de vosotros señores sobre todos ellos y los pondré bajo vuestro mando. Recordad que os había dicho antes de ser crucificado: "Os daré las llaves del reino de los cielos." Ahora por lo tanto os lo repito: "Os las daré."

 

Jesús y sus discípulos ascienden más alto.

Cuando Jesús dijo esto, entonó un himno de gracias al gran Nombre. Las regiones de los senderos de Enmedio se ocultaron y Jesús y sus discípulos permanecieron en un ambiente de una luz extraordinariamente fuerte.

 

Jesús sopló en sus ojos.

Jesús dijo a sus discípulos: "Acercáos a mí." Y ellos se acercaron a él. El se volteo hacia los cuatro puntos cardinales, pronunció el gran nombre sobre sus cabezas, los bendijo y les sopló en sus ojos.

Y Jesús les dijo nuevamente: "Mirad y ved lo que podáis ver."

 

Sus ojos fueron abiertos.

Y ellos levantaron su vista y vieron una espléndida y potente luz que nadie en el mundo podría describir.

Y Jesús les dijo nuevamente: "Apartad la vista de la luz y ved lo que podáis ver."

Y ellos dijeron: "Vemos fuego, agua, vino y sangre."

 

Jesús explica sobre la visión del fuego, el agua, el vino y la sangre.

Jesús -es decir Aberamentho- dijo a sus discípulos: "En verdad os digo: Nada traje al mundo cuando vine a excepción de este fuego, esta agua, este vino y esta sangre. He traído el agua y el fuego de la región de la Luz de las Luces del Tesoro de la Luz; y he traído el vino y la sangre de la región de Barbelo. Y después mi padre me envió el espíritu santo en la forma de una paloma."

"Y el fuego, el agua y el vino son para la purificación de todos los pecados del mundo. La sangre, por otra parte, es un símbolo puesto en mí a causa del cuerpo humano que recibí en la región de Barbelo, la gran fuerza del Dios invisible. El soplo, por otro lado, avanza hacia todas las almas y las conduce hacia la región de la Luz."

 

Explica lo mismo con anteriores refranes.

"Por este motivo os he dicho: He venido a derramar fuego sobre la tierra, -es decir: He venido a purificar los pecados de todo el mundo con fuego."

"Y por esta razón dije a la mujer Samaritana: Si conocieses el don de Dios y quien es el que os dice dadme de beber, -tú pedirías de él, y él os daría agua viva que sería en ti una fuente inagotable para la vida eterna."

"Y por esta causa tomé una copa de vino, la bendije y os la dí, diciendo: "Esta es la sangre del pacto que será vertida por vosotros para el perdón de vuestros pecados."

"Y por esta razón han clavado la lanza en mi costado, emanando agua y sangre."

"Y estos son los misterios de la Luz que perdonan los pecados, es decir, estas son las nominaciones y los nombres de la Luz."

 

Jesús y sus discípulos descienden a la tierra.

Aconteció entonces que Jesús ordenó: "Que todos los poderes de la Izquierda vayan a sus regiones." Y Jesús y sus discípulos permanecieron en el Monte de Galilea. Los discípulos persistieron suplicándole: "Hasta ahora no has hecho que los pecadores e iniquidades que hemos cometido, sean perdonados, para que seamos dignos del reino de tu Padre."

Y Jesús les dijo: "Amén os digo: No solamente purificaré vuestros pecados sino que os haré merecedores del reino de mi Padre. Y os daré el misterio del perdón de los pecados para que aquél que vosotros perdonéis en la Tierra, sea perdonado en los cielos. Y para que aquél que vosotros vinculéis en la Tierra, sea vinculado en los cielos. Y o os daré el misterio del reino de los cielos para que lo realicéis por vosotros mismos con todos los hombres."

 

Publicado en La Pistis Sophia Develada

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