Prefacio

ANTROPOLOGÍA GNOSTICA

DE LA 2a. EDICION DE ANTROPOLOGIA GNOSTICA

La obra que presentamos en este libro es el resultado de un trabajo muy singular.

No se trata de un texto elaborado, corregido y reconstruido por su autor hasta conferirle una forma definitiva tras sucesivos borradores preliminares. Es la recopilación de un ciclo de conferencias ofrecido por el V. M. Samael Aun Weor en los últimos años de su dilatada labor docente e investigadora.

Pese a lo que esto podría dar a entender, no se trata de unos capítulos independientes inconexos, correspondientes a conferencias elegidas al azar o impartidas a diferentes públicos.

Bien al contrario, tenemos en las manos una obra unitaria en su conjunto y temática, integrada por siete capítulos. Seis de ellos son trascripción fiel de dichas conferencias recogidas en cinta magnetofónica y pronunciadas entonces ante un determinado auditorio, formado por personas ya impuestas en los temas fundamentales del Conocimiento Universal cuya síntesis son los tres Factores de la Revolución de la Conciencia.

El capítulo quinto está situado en el lugar que cronológicamente le corresponde, pero es el único que no se ha podido contrastar con la cinta correspondiente a dicha Cátedra. Por tal motivo conserva el texto aparecido en la primera edición de "Antropología Gnóstica".

El valor que encierra esta obra estriba en el hecho de que las conclusiones y afirmaciones que en ella se expresan son el resultado de la experiencia directa y objetiva de su autor, quien utilizando ciertas facultades y sentidos de percepción interna que se manifiestan de forma consciente en todo aquel individuo que ha logrado la Auto-realización íntima del Ser, pudo penetrar en las regiones superiores de la Naturaleza, y adentrarse en el conocimiento verdadero de su historia, reinos y razas ocultas a los ojos del profano, del intelecto.

Nuestra primera edición de "Antropología Gnóstica" aparece en Octubre de 1980, con un texto elaborado a partir de las transcripciones de los originales de que disponíamos en tales momentos, los cuales, al cotejarlos con las cintas se ha comprobado que, aun sin alterar el contenido, presentaban en unos casos un texto más arreglado que era adaptación a las formas de expresión mas depuradas del lenguaje escrito.

El interés despertado con la primera edición de "Antropología Gnóstica" y la preocupación de respetar al máximo las palabras del V. M. Samael Aun Weor en las cintas recopiladas, nos ha llevado a disponer esta segunda edición que ahora presentamos.

La obra que el lector tiene en sus manos, nada tiene que ver con las tinieblas a las que conduce tanta erudición libresca, con tantas teorías como existen. La Antropología Gnóstica demuestra con hechos innegables la falsedad de las teorías de la Antropología materialista, como el origen del hombre mediante el dogma de la evolución, y establece unas nuevas bases para comprender la verdadera historia de la humanidad.

¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Cuál es el verdadero origen del hombre? ¿Quiénes fueron y qué se hizo de las civilizaciones desaparecidas?

La Antropología Gnóstica nos devela el misterio. Realmente es una obra muy singular.

ANTROPOLOGIA GNOSTICA

Como quiera que los estudios gnósticos han progresado extraordinariamente en estos últimos tiempo, ninguna persona culta caería hoy como antaño, en el error simplista de hacer surgir las corrientes gnósticas de alguna exclusiva latitud espiritual.

Si bien es cierto que debemos tener en cuenta en cualquier sistema gnóstico sus elementos helenísticos orientales, incluyendo Persia, Mesopotamia, Siria, India, Palestina, Egipto, etc., nunca deberíamos ignorar los principios gnósticos perceptibles en los sublimes cultos religiosos de los nahuas, toltecas, aztecas, zapotecas, mayas, chibchas, incas, quechuas, etc., etc., etc., de Indoamérica.

Hablando muy francamente y sin ambages diremos: La Gnosis es un funcionalismo muy natural de la Conciencia, una "philosofia perennis et universalis". Incuestionablemente, Gnosis es el conocimiento superior de las cosas.

La palabra Gnosticismo encierra dentro de su estructura gramatical, la idea de sistemas o corrientes dedicadas al estudio de la Gnosis. Este Gnosticismo implica una serie coherente, clara, precisa, de elementos fundamentales, verificables mediante la experiencia mística directa: la maldición desde un punto de vista científico filosófico, el Adam y Eva del Génesis hebraico, el Pecado Original y la salida del Paraíso, el misterio de Lucifer-Nahuatl, la muerte del Mí Mismo, los Poderes Creadores, la Esencia del Salvator Salvandus, los Misterios Sexuales, el Cristo Intimo, la Serpiente Ignea de nuestros mágicos poderes, el descenso a los Infiernos, el regreso al Edem, el Don de Mefistófeles, etc.

Sólo las doctrinas gnósticas que impliquen los fundamentos ontológicos, teológicos y antropológicos renglones arriba citados, forman parte del Gnosticismo auténtico.

Pregnóstico es aquél que en forma concreta, evidente y específica presente algún carácter de cierta manera detectable en los sistemas gnósticos, pero integrado ese aspecto en una concepción "in toto" ajena al Gnosticismo revolucionario. Pensamiento que ciertamente no es y sin embargo es gnóstico.

Lo protognóstico es todo sistema gnóstico en estado incipiente y germinal; movimientos dirigidos por una actitud muy similar a la que caracteriza a las corrientes gnósticas definidas. El adjetivo "gnóstico" puede y hasta debe ser aplicado inteligentemente tanto a concepciones que en una u otra formas se relacionen con la Gnosis como al Gnosticismo.

El término "gnostizante" incuestionablemente se encuentra muy cerca a pregnóstico por su significación, ya que el vocablo en realidad, "stricto sensu", se relaciona con aspectos intrínsecos que poseen cierta similitud con el Gnosticismo Universal pero integrados en una corriente no definida como Gnosis.

Establecidas firmemente estas aclaraciones semánticas, pasemos ahora a definir con entera claridad meridiana el Gnosticismo. No está de más en este tratado aclarar en forma enfática, que el Gnosticismo es un proceso muy íntimo, natural y profundo. Esoterismo auténtico de fondo desenvolviéndose de instante en instante, con vivencias místicas muy particulares. Doctrina extraordinaria que fundamentalmente adopta la forma mística y, a veces, mitológica. Incuestionablemente, el conocimiento gnóstico escapa siempre a los normales análisis del racionalismo subjetivo. El correlato de este conocimiento es la intimidad infinita de persona, el Ser.

La razón de ser del Ser es el mismo Ser. Sólo el Ser puede conocerse a sí mismo. El Ser, por lo tanto, se auto conoce en la Gnosis. El Ser revaluándose y conociéndose a sí mismo es la autognosis; indudablemente esta última en sí misma es la Gnosis. El auto-conocimiento del Ser es un movimiento suprarracional que depende de él, que nada tiene que ver con el intelectualismo. El abismo que existe entre el Ser y el Yo es infranqueable y por esto el Pnuema el Espíritu, se reconoce y este reconocerse es un acto autónomo para el que la razón subjetiva del mamífero intelectual resulta ineficaz, insuficiente, terriblemente pobre. Auto-conocimiento y autognosis, implica la aniquilación del Yo como trabajo previo, urgente, impostergable.

El Yo, el Ego, está constituido por sumas y restas de elementos subjetivos, inhumanos, bestiales, que incuestionablemente tienen un principio y un fin. La Esencia, la Conciencia, embutida, embotellada, enfrascada entre los diversos elementos que constituyen el Mí Mismo, el Ego, desafortunadamente se procesa dolorosamente en virtud de su propio condicionamiento. Disolviendo, el Yo psicológico, la Esencia, la Conciencia, despierta, se ilumina, se libera, entonces deviene como secuencia o corolario, auto-conocimiento, la autognosis.

Indubitablemente, la revelación legítima tiene sus basamentos irrefutables, irrebatibles, en la autognosis. La revelación gnóstica es siempre inmediata, directa, intuitiva; excluye radicalmente las operaciones intelectuales de tipo subjetivo, nada tiene que ver con la experiencia y ensamble de datos fundamentalmente sensoriales La inteligencia o Nous en su sentido gnoseológico, si bien es cierto que puede servir de basamento a la intelección iluminada, se niega rotundamente a caer en el vano intelectualismo. Resultan palmarias y evidentes las características ontológicas, pneumáticas o espirituales del Nous (Inteligencia).

En nombre de la Verdad declaro solemnemente que el Ser es la única real existencia, ante cuya transparencia inefable y terriblemente divina, eso que llamamos Yo, Ego, Mí Mismo, Sí Mismo, es meramente tinieblas exteriores, llanto y crujir de dientes. La autognosis, o reconocimiento autognóstico del Ser, dada la vertiente antropológica del Pneuma o Espíritu, resulta algo decididamente salvador. Conocerse a sí mismo es haber logrado la identificación con su propio Ser Divinal.

Saberse idéntico con su propio Pneuma o Espíritu, experimentar directamente la identificación entre lo conocido y lo cognoscente, es eso que podemos y debemos definir como autognosis.

Ostensiblemente, esta develación extraordinaria nos invita a morir en sí mismo (eliminación de nuestra psiquis subjetiva), a Fin de que el Ser se manifieste en nosotros. Por lo contrario, alejarse del Ser, continuar como Ego dentro de la herejía de la separatividad, significa condenarse a la involución sumergida de los Mundos Infiernos (Infradimensiones). Esta reflexión evidente nos conduce al tema de la libre elección gnóstica. Incuestionablemente el gnóstico serio es un elegido a posteriori. La gnóstica experiencia permite saberse y auto realizarse íntegramente. Entiéndase por autorrealización el armonioso desarrollo de todas las infinitas posibilidades humanas.

No se trata de datos intelectuales caprichosamente repartidos, ni de mera palabrería insubstancial de charla ambigua. Todo lo que en estos párrafos estamos diciendo, tradúzcase como experiencia auténtica, vivida, real. No existe en las corrientes gnósticas el dogma de la predeterminación ortodoxa, que nos embotellaría lamentablemente en una estrecha concepción de la Deidad antropomórfica.

Dios en griego es Theo, en latín, Deus y en sánscrito, Div o Deva, palabra ésta que se traduce corno Ángel o Ángeles. Aún entre los más conservadores pueblos semíticos, el más antiguo Dios de Luz, El o Ilu, aparece en los primeros capítulos del Génesis en su forma plural sintética de los Elohim.

Dios no es ningún individuo humano o divino en particular, Dios es Dioses. El es el Ejército de la Voz, la Gran Palabra, el Verbo del Evangelio de, San Juan, el Logos Creador, Unidad Múltiple Perfecta. Auto conocerse y realizarse en el horizonte de las infinitas posibilidades, implica el ingreso o reingreso a la Hueste Creadora de los Elohim. Y ésta es la seguridad del gnóstico, el Ser se le ha descubierto íntegramente, y sus esplendores maravillosos destruyen radicalmente toda ilusión.

Si se posee la Gnosis de los Grandes Misterios Arcaicos, es porque el dinamismo revelador del Ser, algunos hombres muy santos lograron aproximarse debido a su lealtad doctrinaria. Sin una previa información sobre antropología gnóstica, sería algo más que imposible el estudio riguroso de las diversas piezas antropológicas de las culturas azteca, tolteca, maya, egipcia, etc., etc., etc. En cuestiones de antropología profana dispénsenme la similitud, si se quiere conocer resultados, déjese en plena libertad a un mono, simio, mico o chango, dentro de un laboratorio y obsérvese luego lo que sucede.

Los códices mexicanos, papiros egipcios, ladrillos asirios, rollos del Mar Muerto, extraños pergaminos, así como ciertos templos antiquísimos, sagrados monolitos, viejos Jeroglíficos, pirámides, sepulcros milenarios, etc., ofrecen en su profundidad simbólica un sentido gnóstico que definitivamente escapa a la interpretación literal y que nunca ha tenido un valor explicativo de índole exclusivamente intelectual. El racionalismo especulativo en vez de enriquecer el lenguaje gnóstico, lo empobrece lamentablemente, ya que los relatos gnósticos, escritos o alegorizados en cualquier forma artística, se orientan siempre hacia el Ser. Y es en este interesantísimo lenguaje semifilosófico y semimitológico, de la Gnosis, en el que se presentan una serie de invariantes extraordinarias, símbolos con fondo esotérico trascendental que en silencio dicen mucho. Bien saben los Divinos y los humanos que el silencio es la elocuencia en la Sabiduría.

Los caracteres que especifican claramente al Mito Gnóstico y que mutuamente se complementan entre sí, son los siguientes:

1. Divinidad Suprema

2. Emanación y caída Pleromática

3. Demiurgo Arquitecto

4. Pneuma en el Mundo

5. Dualismo

6. Salvador

7. Retorno

La Divinidad Suprema gnóstica es caracterizable como Agnostos Theos, el Espacio Abstracto Absoluto, el Dios Ignorado o Desconocido, la Realidad Una de la cual emanan los Elohim en la aurora de cualquier creación universal. Recuérdese que Paranishpana es el Summum Bonum, lo Absoluto, y por lo tanto, lo mismo que Paranirvana. Más tarde, todo cuanto al parecer existe en este Universo, vendrá a tener real existencia en el estado de Paranishpana

Incuestionablemente, las facultades de cognición humana, jamás podrían pasar más allá del Imperio Cósmico del Logos Macho-Hembra, el Demiurgo Creador, el Ejército de la Voz, el Verbo. Jah Hovah, el Padre-Madre secreto de cada uno de nos, es el auténtico Jehová Jod como letra hebrea es el membrum virile, el principio masculino. Eve, Heve, Eva, lo mismo que Hebe, la Diosa griega de la juventud y la Novia olímpica de Heracles, es el Yoni, el Cáliz Divino, el Eterno Femenino.

El Divino Rabí de Galilea en vez de rendir culto al Jehová antropomórfico de la judería, adoró a su divino Macho-Hembra Jah-Hovah, el Padre-Madre interior.

Todas las naciones tienen a su primer Dios o Dioses como andróginos; no podía ser de otro modo, puesto que consideraban a su lejanos progenitores primitivos, sus antecesores de doble sexo, como seres divinos y Dioses santos, lo mismo que hacen hoy los chinos.

En efecto, la concepción artificiosa de un Jehová antropomórfico exclusivista, independiente de su misma obra, sentado allá arriba en un trono de tiranía y despotismo, lanzando rayos y truenos contra este triste hormiguero humano, es el resultado de la ignorancia, mera idolatría intelectual. Esta concepción errónea de la Verdad, desafortunadamente se ha apoderado tanto del filósofo occidental como del religioso afiliado a cualquier secta desprovista completamente de los elementos gnósticos.

 Lo que los gnósticos de todos los tiempos han rechazado, no es al Dios desconocido, Uno y siempre presente en la Naturaleza, o la Naturaleza, sino al Dios del dogma ortodoxo, a la espantosa Deidad vengativa de la Ley del Talión (Ojo por ojo y diente por diente). El Espacio Abstracto Absoluto, el Dios Incognoscible, no es ni un vacío sin límites, ni una plenitud condicionada, sino ambas cosas a la vez. El gnóstico esoterista acepta la revelación como procedente de Seres Divinos, las Vidas Manifestadas; pero jamás de la Vida Una no manifestable.

La Deidad Incognoscible es el Espacio Abstracto Absoluto, la Raíz sin raíz de todo cuanto fue, es o ha de ser.

Esta Causa Infinita y Eterna, hallase, por descontado, desprovista de toda clase de atributos, es Luz Negativa, Existencia Negativa, está fuera del alcance de todo pensamiento o especulación. El mito gnóstico de Valentín que en forma específica, nos muestra a los Treinta Eones Pleromáticos, surgiendo misteriosos de entre el Espacio Abstracto Absoluto, por emanaciones sucesivas y ordenadas en parejas perfectas, puede y debe servir como arquetípico modelo de un mito monista que en forma más o menos manifiesta, se encuentran presente en todo sistema gnóstico definido.

Este punto trascendental de la Probole se orienta clásicamente hacia una división ternaria de lo Divinal: el Agnostos Theos (El Absoluto), el Demiurgo, el Pro-Padre, etc. El Mundo Divinal, el ámbito glorioso del Pleroma, surgió directamente de la Luz Negativa, de la Existencia Negativa.

Finalmente, el Nous, Espíritu o Pneuma, contiene en sí mismo infinitas posibilidades susceptibles de desarrollo durante la manifestación. Entre los límites extraordinarios del Ser y del No Ser de la Filosofía, se ha producido la multiplicidad o caída. El mito gnóstico de la caída de Sophia (La Divina Sabiduría), alegoriza solemnemente este terrible trastorno en el seno del Plerona.

El deseo, la fornicación, el querer resaltar como Ego (psiquis subjetiva), origina el descalabro y el desorden, produce una obra adulterada, que incuestionablemente queda fuera del ámbito Divinal, aunque en ella quede atrapada la Esencia, el Buddhata, el material psíquico de la humana criatura. El impulso hacia la Unidad de la vida libre en su movimiento, puede desviarse hacia el Yo y en la separación fraguar todo un mundo de amarguras. La caída del hombre degenerado es el fundamento de la Teología de todas las naciones antiguas.

Según Filolao, el pitagórico (Siglo V antes de J.C.), los filósofos antiguos decían que el material psíquico, la Esencia, estaba encerrada entre el Yo, como en una tumba, como castigo por algún pecado. Platón testimoniaba, así, que tal era la doctrina de los órficos, y él mismo la profesaba. El deseo desmedido, el trastrocamiento del régimen de la emanación conduce al fracaso.

El autor del mundo de las formas es, pues, un grupo místico de creadores Macho-Hembra o Dioses dobles como Tlaloc, el Dios de las lluvias y de los rayos, y su esposa Chalchiuhtlicue, la de la falda de jade, en los panteones mayas, aztecas, olmecas; zapotecas, etc., etc., etc.

En la palabra Elojim, Elohim, encontramos una clave trascendental que nos invita a la reflexión. Ciertamente Elojim con "j" se traduce como Dios en las diversas versiones autorizadas y revisadas de la Biblia. Es un hecho incontrovertible no solamente desde el punto de vista esotérico, sino también lingüístico, que el término Elojim es un nombre femenino con una terminación plural masculina. La traducción correcta "estricto sensu" del nombre Elohim o mejor dijéramos Elojim, pues en hebreo la "h" suena como "j", es Diosas y Dioses. "Y el Espíritu de los Principios Masculino y Femenino se cernía sobre la superficie de lo informe, y la creación tuvo lugar".

El culto idolátrico del Jehová antropomórfico en vez de Elojim es ciertamente un poderoso impedimento para el logro de los estados conscientivos supranormales.

Los antropólogos gnósticos en vez de reír escépticos -como los antropólogos profanos- ante las representaciones de Dioses y Diosas de los diversos panteones azteca, maya, olmeca, tolteca, druida, egipcio, indú, caldeo, fenicio, mesopotámico, persa, romano, tibetano, etc., etc., etc., reconocemos en ellas el Elojim, Creador del Universo. "Quien ríe de lo que desconoce, está en el camino de ser idiota".

La desviación del Demiurgo Creador, la antítesis, lo fatal, es la inclinación hacia el egoísmo, el origen real de tantas amarguras. La Esencia, la Conciencia, embotellada entre el Ego, se procesa dolorosamente en el tiempo, en virtud de su propio condicionamiento. Es evidente la debilidad e impotencia desconcertante del pobre mamífero intelectual equivocadamente llamado Hombre, como para levantarse del lodo de la tierra sin el auxilio de lo Divinal.

Sólo el Rayo Igneo, imperecedero, encerrado en el fondo de la sustancia oscura, informe y frígida, puede reducir al Yo psicológico a polvareda cósmica para liberar la Conciencia, la Esencia (Sabiduría). Con palabras ardientes declaramos: únicamente el Hálito Divino, puede reincorporarnos en la Verdad, sin embargo, esto sólo es posible a base de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios.

La posesión específica de la Gnosis va siempre acompañada de cierta actitud de extranjería o extrañeza ante este mundo mayávico, ilusorio. El gnóstico auténtico quiere un cambio definitivo, siente íntimamente los secretos impulsos del Ser, de aquí su angustia, rechazo y embarazo, ante los diversos elementos inhumanos que constituyen el Yo. Quien anhela perderse en el Ser, carga la condena y el espanto ante los horrores del Mí Mismo. Contemplarse como un momento de la totalidad, es saberse infinito y rechazar con todas las fuerzas del Ser el egoísmo asqueante de la separatividad.

Dos estados psicológicos se abren ante el gnóstico definido:

a) El del Ser, transparente, cristalino, impersonal, real y verdadero.

b) El del Yo, conjunto de agregados psíquicos personificando defectos, cuya sola razón de existir es la ignorancia.

Yo Superior y Yo Inferior, son tan sólo dos secciones de una misma cosa, aspectos distintos del Mí Mismo, variadas facetas de lo infernal psiquis subjetiva. Es pues, el siniestro, izquierdo y tenebroso Yo Superior, Medio o Inferior, suma, resta y multiplicación continua de agregados psíquicos inhumanos. El denominado Yo Superior es ciertamente una triquiñuela del Mí Mismo, un ardid intelectual del Ego que busca escapatorias para continuar existiendo; una forma muy sutil del autoengaño. El Yo es una obra horripilante de muchos tomos; el resultado de innumerables ayeres, un nudo fatal que hay que desatar. La auto alabanza egoica, el culto al Yo, la sobreestimación al Mí Mismo, es paranoia, idolatría de la peor especie.

La Gnosis es revelación o develación, aspiración refinada, sintetismo conceptual, máximos logros. Sin la Gracia Divina sin el auxilio extraordinario del Hálito Sagrado, la autognosis, la autorrealización íntima del Ser, resultaría algo más que imposible.

Auto-salvarse es lo indicado y esto exige plena identificación del que salva y de lo que es salvado. Lo Divino que habita en el fondo del Alma, la auténtica y legítima facultad cognoscente, aniquila al Ego y absorbe en su Parousia, a la Esencia y en total iluminación la salva. Este es el tema del Salvator Salvandus.

El gnóstico que ha sido salvado de las aguas, ha cerrado el ciclo de las amarguras infinitas; ha franqueado el límite que separa el ámbito inefable del Pleroma, de las regiones inferiores del Universo, se ha escapado valientemente del imperio del Demiurgo porque ha reducido al Ego a polvareda cósmica.

El paso a través de los diversos mundos, la aniquilación sucesiva de los elementos inhumanos, afirma esta reincorporación en el Sagrado Sol Absoluto, y entonces convertidos en criaturas terriblemente Divinas, pasamos más allá del bien y del mal.

La Revolución de la Conciencia se sintetiza en tres factores primordiales:

1. MORIR (Eliminación de la psiquis subjetiva)

2. NACER (Nacimiento segundo con la Alquimia sexual)

3. SACRIFICIO POR LA HUMANIDAD.

Publicado en Antropologia Gnóstica

ImprimirCorreo electrónico

Capitulos Relacionados

Con un click en la publicidad apoyas este proyecto

La Biblioteca Gnóstica es un servicio gratuito
Tu donativo ayuda a mantenerlo activo

Realizalo de manera segura
a traves de PayPal