SEGUNDA CÁTEDRA

El tema del origen del hombre es realmente muy discutible, muy espinoso. Mr. Darwin sentó ciertos principios en su obra que deben ser recordados por los mismísimos antropólogos materialistas. Dice Mr. Darwin que "una especie que evoluciona positivamente, en modo alguno podría descender de otra que evoluciona negativamente" También afirma Mr. Darwin que "dos especies similares, pero diferentes, pueden referirse a un antecesor común, pero nunca la una vendría de la otra."

Así que conforme nosotros vamos avanzando en estas disquisiciones de la Antropología científica, obviamente encontramos ciertas contradicciones en el materialismo. ¿Cómo es posible que se ignoren los principios darwinistas? ¿Cómo es posible que aún hoy en día haya quienes piensen que el hombre viene del mono? Incuestionablemente, los hechos están hablando por sí solos, hasta ahora no se ha encontrado jamás el famoso eslabón perdido. ¿Dónde está?

Mucho se ha hablado contra la existencia del padre de Manú, el Dhyanchohan, pero son en realidad millones las personas en el mundo oriental y hasta en el occidental que aceptan al Dhyanchohan. Además, es más lógica tal creencia que aquel hombre mono que Haeckel quisiera que existiese pero que en realidad de verdad no pasó de ser más que una simple fantasía de su autor. Los tiempos van pasando y no se ha descubierto en ningún lugar de la Tierra al famoso hombre mono. ¿Dónde estará un mono que razone, que piense, que tenga un lenguaje asequible a todo el mundo? ¿Cuál es?.

Incuestionablemente, esta clase de fantasías literarias no sirve en el fondo absolutamente para nada. Obsérvese, por ejemplo, el tamaño de los cerebros: el cerebro de un gorila, en volumen, no alcanza a ser ni siquiera la tercera parte del cerebro de cualquier salvaje de Australia, que bien sabemos, entre paréntesis, que son las criaturas más primitivas de nuestro globo terráqueo. Faltaría un eslabón que conectara al gorila más adelantado con el salvaje más atrasado de Australia. ¿Dónde está ese eslabón? ¿Qué se hizo?, ¿Existe acaso?

Indubitablemente en el continente Lemur, durante la era mesozoica, surgieron los primeros simios. ¿Mas cuál sería su origen? La Gnosis afirma en forma enfática que determinados grupos lemúricos humanos se mezclaron con algunas bestias sub-humanas para originar las especies de los simios. Haeckel en modo alguno, se opuso jamás al concepto de que los simios habían tenido su nacimiento en Lemuria, aceptó siempre la realidad de ese continente.

Pero reflexionemos un poco. ¿En dónde estaba ubicada la Lemuria? En el Océano Pacífico, eso es obvio. Cubría una extensa zona de ese mar. A través de diez mil años de terremotos se fue sumergiendo poco a poco entre las embravecidas olas del océano.. Mas quedaron restos de Lemuria, en la Oceanía, Australia, la isla de Pascua, etc. La Lemuria tuvo realidad, ocupó su lugar en un tiempo muy antiguo. Esto podrá molestar hoy en día, a aquellos antropólogos materialistas partidarios de la Pangea. Se han embotellado tanto estos señores en su dogmatismo sobre la Pangea que ni remotamente aceptarían la posibilidad de la Lemuria.

Que los simios hayan nacido durante la era mesozoica, en la época mismísima del Mioceno, tercera parte del Eoceno, no tiene absolutamente nada raro. Pero ahí no terminan nuestras afirmaciones. Otras especies de monos también tuvieron su origen en la Atlántida de Platón, que no pasa de ser más que un simple mito para los señores materialistas fanáticos de la Pangea. Sin embargo, la Atlántida existió aunque ellos la nieguen. Ya ha sido descubierta, aunque ellos se opongan. Cualquiera que haya estudiado el suelo marino, sabe muy bien que entre América y Europa existe aún hoy en día una gran plataforma. Hace poco, precisamente algunos científicos que descubrieran la Atlántida, se propusieron explorarla desde España. Sin embargo era la época del régimen de Franco y no les fue posible.

La Atlántida no es pues lo que se cree una leyenda fantástica. Tuvo realidad. El mapa del mundo en otro tiempo fue completamente diferente, distinto. Todo va cambiando. Aun la mismísima Pangea de los materialistas antropólogos tiene que haber sufrido tremendos cambios.

Pues bien sabemos nosotros que los continentes son flotantes, ya Don Mario Roso de Luna lo ha explicado claramente y esto no debe sorprender a nadie. En eso sí están de acuerdo los fanáticos materialistas de la Pangea, no lo niegan; mas les falta muchísimo todavía como para conocer las causas o motivos de tales flotaciones continentales. Yo creo que si ellos se leyeran a Don Mario Roso de Luna, cosa que la considero bastante imposible, completarían mejor sus informaciones.

Si pensáramos en nuestra Tierra como un huevo, la yema serían los continentes sosteniéndose sobre una clara, y entre la yema y la clara no faltan, naturalmente, substancias, líquidos, elementos que la ciencia materialista, hoy por hoy, desconoce.

Hay quienes creen que ciertos tipos de monos superiores, o de changos, diríamos nosotros, como el gorila, el chimpancé viene de Lemuria. También hay quienes afirman claramente que las clases inferiores como el catirrino, el platirrino, etc., vienen propiamente de la Atlántida. En esto no pondremos objeciones, pero sí tenemos que reflexionar, y profundamente.

Por ahora se están haciendo ciertos comentarios muy simpáticos, la ciencia materialista inventa todos los días nuevas hipótesis. Han establecido una cadena muy curiosa, ridícula por excelencia, con relación a nuestros posibles antepasados. Como rey de esa cadena aparece el tiburón, del cual descienden, según dicen los antropólogos materialistas, los lagartos.

Ridícula teoría, ¿verdad?, Sólo concebible por mentes de lagarto, realmente, y prosiguen después con el famoso oposum, criatura similar al cocodrilo pero un poquito más evolucionada, según enfatizan. Y de allí pasan, siguiendo el curso de la gran cadena de maravillas a cierto animalillo al que se le ha dado por estos tiempos muchísima importancia. Me refiero en forma enfática al lemúrido o Lemur, según le llaman. Le atribuyen una placenta discoidal, cuestión que es rechazada por los mismísimos zoólogos.

Contradicciones tremendas encontramos en estos recovecos de la ciencia, de la antropología materialista. Prosigue la cuestión, diciéndose que de ese animalillo que pudo haber existido hace unos ciento cincuenta millones de años, desciende a su vez el mono y por último el gorila. En esa cadena el gorila es nuestro inmediato antecesor, el antecesor del hombre.

Algunos antropólogos, como decía en mi pasada conferencia, no dejan de meter en estas cuestiones al pobre ratón y hasta quieren incluirlo también dentro de esta cadena. ¿Cómo? ¿De qué manera? Ya no serían siete los componentes, serían ocho. ¡Allá ellos y sus teorías! Afirman con un tono de sapiencia extraordinaria que el hombre era diminuto, microscópico, es decir, tan pequeñito que hoy en día nos asombraríamos al verlo. ¿Se basan en qué?, Que el ratón es pequeño, que como nosotros, también según ellos somos hijos de un ratón. No sé en qué parte lo incluyan, posiblemente antes del lemúrido o después del lemúrido.

Fuimos creciendo hasta llegar a la estatura de altísima civilización y perfección extraordinaria que hoy tenemos. Válgame Dios y Santa María, hoy en día el ratón pasa a ocupar los primeros puestos en las conferencias públicas. Y si así continúan las cosas, dentro de algún tiempo, el Gobierno tendrá que prohibir la matanza de ratones, pues son según ellos, nada menos que nuestros antepasados.

¿Pero dónde están los eslabones? ¿Cómo es posible que del tiburón, así porque sí, aparezca de la noche a la mañana o a través de unos cuantos siglos el lagarto? Han pasado millones de años y los tiburones siguen tranquilos. Y nunca se ha visto que de una especie de tiburones, sea en el Atlántico o en el Pacífico, nazcan nuevos lagartos. Empezando porque los lagartos, por lo menos los que yo he conocido -si no están demasiado civilizados todavía y andan por ahí, por las calles, inventando teorías-, en realidad de verdad no se encuentran en el mar, sino en los ríos, en los lagos.

¿Conocen ustedes acaso alguna vez alguna especie de lagartos o cocodrilos surgiendo de las embravecidas olas del océano? Bien sabe todo el mundo que los lagartos son de agua dulce. Lo hemos visto en los grandes ríos y eso me consta. He visitado también los océanos y nunca he visto o jamás he escuchado que pescador alguno haya pescado en pleno océano un lagarto. Pescarán tiburones, pero lagartos, ¿cuándo?

Estamos hablando sobre hechos concretos, claros y definitivos. Y ¿dónde estarían los eslabones que conectaran al lagarto con el oposum? Y ¿dónde estarían los eslabones que conectaran al oposum con ese animalillo lemúrido que, desprovisto de placenta, pero señalado por Haeckel como criatura de placenta discoidal? Y prosiguiendo, ¿dónde estarían los eslabones que conectaran a tal criatura con el mono? Y, por último, ¿dónde estarían los eslabones del mono con el gorila?, Y ¿dónde estarían los eslabones del gorila con el hombre? ¿Cuáles son? Estamos viendo, pues, hechos concretos, faltan los eslabones.

Hablar así, porque sí, resulta demasiado absurdo. Se ha hablado demasiado sobre el Monerón, átomo del abismo acuoso, primera pizca de sal en un océano Silúrico lleno de lodo en el fondo y donde todavía no había sido depositada la primera capa de rocas. Pero, ¿cuál es el origen del Monerón? ¿Podría acaso concebirse que algo tan extraordinario como el primer punto atómico del protoplasma tan debidamente organizado y con construcción tan compleja, hubiera resultado del azar, del acaso?

Tengo entendido que al negarse los Principios Inteligentes a la Naturaleza, pierde todo sentido de organización el protoplasma. Los tiempos van pasando, y la antropología materialista irá siendo destruida poco a poco. No han podido hasta ahora los antropólogos materialistas decir en qué fecha y cómo surgió el primer hombre. Hipótesis, nada más, y resultan bastante ridículas tales hipótesis, no tienen fundamentos serios.

Mucho se apela en antropología materialista a la cuestión esa de la Australia. Resulta muy socorrida la posición de la antropología meramente materialista, al decir que las tribus existentes en Australia descienden del mono. Científicamente esto cae por el suelo. Si se miden cerebros y se hacen confrontaciones, el cerebro de un gorila muy avanzado no alcanza a ser ni la mitad del volumen al de un salvaje de Australia. Faltaría pues un eslabón entre el gorila más avanzado y un australiano salvaje.

¿Dónde está ese eslabón? Que nos lo presenten, que nos lo muestren, aquí estamos todos para verlo; afirmar así por afirmar sin una base seria, resulta espantosamente ridículo. Decía en mi pasada plática que ellos, los señores del materialismo antropológico, afirman en forma demasiado grandilocuente, que no creen sino en lo que ven, pero los hechos están demostrándonos su falsedad. Están creyendo con firmeza en hipótesis absurdas que jamás han visto. Eso de decir, que nosotros en su origen venimos del tiburón, de establecer luego una cadena de caprichos, simplemente por parecidos fisonómicos, demuestra en el fondo una superficialidad llevada al extremo. Si eso escriben, en verdad que es abusar demasiado de la inteligencia de los lectores. Si eso hablan, resultan en el fondo terriblemente cómicos y hasta absurdos.

Que en la Lemuria, continente que posiblemente hoy pongan en tela de juicio los fanáticos espantosos de la Pangea, se hayan mezclado seres humanos con bestias no lo ponemos en tela de duda. Resultaron de allí no solamente simios, sino múltiples formas bestiales que aún hoy en día tienen documentación tanto en el este como en el oeste del mundo.

Citaremos como ejemplo ciertos extraños simios lemures que podrían servir naturalmente de mofa para los materialistas superficiales de esta época, pero en verdad que uno debe afirmar con valor lo que es real. Me refiero a alguna especie que existió, que tan pronto se movía sobre manos y pies, como cualquier simio, como se erguía sobre sus dos pies, rostros azules y también rojos. Producto de ciertos seres humanos cruzados con bestias sub-humanas del Mioceno, especialmente de la época mesozoica. Que hablaban sí lo dicen las viejas leyendas. Sobre todo lo anterior encontramos referencias en papiros, códices, ladrillos; en monumentos antiguos y en los manuscritos arcaicos. Así que fueron múltiples las formas simiescas que surgieron en el viejo continente Mu.

¿Mas cómo surgiría el hombre? ¿De qué manera? Hasta ahora éste ha sido un verdadero rompecabezas para los materialistas de Darwin y de Haeckel y aún para los materialistas antropólogos contemporáneos. ¿Dónde podríamos nosotros hallar el origen del hombre? Incuestionablemente en el hombre mismo, ¿en que otro lugar?

Concretémonos ahora a Australia. ¿Qué es lo que dicen los antropólogos materialistas? Que las tribus australianas actuales tienen como ascendientes a los monos. Claro, no pueden probarlo, pero lo afirman, lo creen, no lo han visto pero lo creen, aunque dicen que no pueden creer jamás cosa que no han visto. Vean ustedes cuán paradójicos resultan estos señores.

Los clanes australianos son los más primitivos que existen actualmente en el mundo. ¿Cuál sería el origen de tales tribus? Habría que saber cuál es el origen de Australia. Australia en verdad es un pedazo de la Lemuria, ubicado en el Pacífico, una tierra vieja, viejísima.

Los antepasados de esas tribus, ¿dónde estarán? Hablemos de sus cuerpos físicos. Obviamente hallaremos tales restos óseos en el fondo mismo del Pacífico. Restos de bestias, porque en verdad son las tribus australianas mezcla de ciertos hombres con ciertas bestias, pasaron por muchas transformaciones y actualmente existen. Habría que observar a tales tribus para darse uno cuenta evidente de que se trata de mezclas de habitantes de antigua Lemuria con ciertas bestias de la Naturaleza.

Por ejemplo, hay lugares en Australia donde es tan abundante el pelo en el cuerpo de las personas que parece más bien piel de bestias. Eso da naturalmente una aparente base como para que los señores materialistas digan: He ahí... son hijos de los antropoides... ¡nuestra teoría demostrada! Los antropólogos materialistas son terriblemente superficiales, no tienen en verdad madurez en el entendimiento, se trata de mentes en estado de decrepitud, degeneradas y eso es realmente lamentable. Si queremos nosotros en verdad buscar el origen del hombre, tenemos que conocer a fondo la Ontogenia. No sería posible conocer la Filogenia excluyendo a la Ontogenia. Obsérvese los procesos de recapitulación del ser humano entre el vientre materno.

La Naturaleza hace siempre recapitulaciones. Obsérvese una semilla, un germen de árbol. Ahí hay un árbol en estado potencial completo, sólo falta que se desarrolle y para que desarrolle en esta tierra se necesita agua, y aire y sol. La Naturaleza recapitula todos los procesos del árbol que sirvió de padre, dijéramos, para el germen que se ha de desarrollar, o en otros términos diríamos: la Naturaleza recapitula en ese germen que ha de desenvolverse, los procesos por los cuales pasó toda la familia de ese árbol, toda esa especie de árboles y van desenvolviéndose lentamente, va creciendo lo mismo que crecieron los otros árboles el árbol del cual se desprendió tal germen, hay siempre un proceso de recapitulación hoja tras hoja hasta que el árbol, por último, da fruto y semilla también para que los otros árboles que nazcan hagan siempre las mismas recapitulaciones.

Observemos como recapitula la Naturaleza en el Cosmos todas sus maravillas. Cada año vuelve la primavera, el verano, el otoño y el invierno; es una recapitulación perfecta. Así también, repito, en el vientre materno hay recapitulación correcta de toda la especie humana. Allí están en el vientre materno, todas las fases por las cuales pasó el ser humano desde sus más antiguos orígenes.

En primer lugar, nadie podría negar que en el vientre, el feto pasa por los cuatro reinos de la Naturaleza: primero es piedra, segundo planta, tercero animal y cuarto hombre. Como piedra, como germen o corpúsculo es inorgánico, es el óvulo que se desprende del ovario y que va a unirse con la materia orgánica. La circulación conduce a tal óvulo hasta el fondo mismo de la materia orgánica para su desarrollo.

En el segundo aspecto vemos nosotros el estado vegetal, una especie de zanahoria redonda en su base y puntuda en su parte superior. Cuando se le estudia clínicamente parecería más bien como una cebolla con distintas capas, entre las cuales hay un líquido maravilloso. Del ombligo de esa aparente cebolla pende la posibilidad del feto, como el fruto de una planta. He ahí el estado vegetal.

Más tarde aparece la forma animal. Sí, el feto toma la forma del renacuajo y eso está completamente demostrado. Y por último asume la figura humana. Las cuatro fases son: una mineral, otra vegetal, otra animal y otra humana, pero ¿se ha visto hasta ahora a un mono por ahí?, ¿A qué médico le consta, a qué científico, haber visto alguna vez la fase de antropoide? ¿Cuál es el doctor que ha visto que durante el proceso de recapitulación fetal, si alguna vez el feto tome la figura de un mono catarrino, o platirrino, o de un orangután o de un gorila? Así, pues, es absurdo lo que la ciencia materialista afirma. El origen del hombre hay que buscarlo en el vientre mismo de la mujer. En esos procesos de recapitulación está el origen del hombre, las fases por las cuales ha pasado.

Tampoco ha aparecido un tiburón entre el vientre de la madre. ¿Dónde está? ¿Cuál es? El lemúrido, aquel animalillo que antes se mencionara y por el cual se apasionó el mismísimo Haeckel ¿Dónde está? ¿En qué fase del embarazo aparece? ¿Por qué quieren esos señores salirse de lo correcto? ¿Por qué no buscan el origen del ser humano dentro del mismo ser humano? ¿Por qué andan buscándolo afuera? Todas las leyes de la Naturaleza existen dentro de uno mismo, y si no las encontramos dentro de sí mismos, no las encontraremos fuera de sí mismos jamás.

Mas hemos llegado a un punto muy delicado y bastante difícil. Que fuimos piedras, que fuimos planta, que fuimos animales, hombre, está bien, aceptado, pero ¿cuando?, ¿Cómo?, ¿Qué causas primarias o secundarias gobernaron todos estos procesos? ¡Enigmas! ¿Podrían aclararse acaso estos enigmas? Si los señores materialistas no estuvieran fanatizados con el dogma de la geometría tridimensional de Euclides todo sería diferente. Desgraciadamente, están empeñados en querer que todos aceptemos ese dogma a la fuerza. Quieren tenernos embotellados dentro de tal dogma. Eso es tan absurdo como querer nosotros embotellar la Vida Universal o como querer nosotros encerrar el océano dentro de un vaso de cristal.

Que existe una cuarta coordenada, una cuarta vertical, eso es innegable, pero molesta a los materialistas. Sin embargo Einstein que cooperó en la fabricación de la bomba atómica, aceptó la cuarta Dimensión. En matemáticas nadie puede negar la cuarta Dimensión. Pero a las gentes materialistas de esta época, ni siquiera así les entra este conocimiento de que pueden existir otras dimensiones superiores en la Naturaleza. A la fuerza quieren que nos encerremos o nos auto-encerremos todos en el mundo tridimensional de Euclides y debido a esa falsa posición absurda, en que están, tienen a la Física completamente detenida en su avance. Esta es la hora en que ya deberían existir naves cósmicas capaces de viajar a través del infinito, pero no sería posible semejante anhelo mientras la Física continúe embotellada en el dogma tridimensional de Euclides.

Si estos señores, que hasta ahora no han sido capaces de responder a la pregunta ¿dónde surgió el hombre, en qué fecha, y cuándo? Aceptaran en verdad la posibilidad de una cuarta dimensión y de una quinta y una sexta y una séptima, todo sería diferente. Pero estamos seguros de que no lo aceptan ni lo aceptarán jamás. ¿Por qué? Porque sus mentes están en proceso de franca degeneración debido al abuso sexual y en esas condiciones no es posible que acepten esta tesis que nosotros les planteamos. Tendrían que empezar ellos por regenerar el cerebro antes de que aceptaran nuestros postulados gnósticos.

Piedra, planta, animal, hombre, he ahí la base misma de una Antropología seria. Pensemos en la forma anterior al estado humano, en nuestros legítimos antecesores. Incuestionablemente nos encontraríamos con la vida animal en la Naturaleza, pero ubicada en una cuarta dimensión, chocante esto para el materialismo. Sin embargo son los mismos materialistas quienes se reían de Pasteur y de sus teorías, quienes se mofaban de él cuando desinfectaba los instrumentos de cirugía. Nunca creyeron ellos en los microorganismos porque no los veían, ya hoy los aceptan.

¿Puede existir vida animal en una cuarta coordenada? ¡Obviamente sí! ¿Habrá algún sistema, algún método de comprobación? Claro está que sí, pero sistemas muy diferentes a los de una ciencia materialista que se encuentra en estado retardatario. ¿Quién tiene esos procesos y sistemas? Nosotros los tenemos, y con mucho gusto los enseñamos a quienes de verdad quieren investigar en el terreno de la Ciencia Pura.

¿Hubo vida animal pues en la cuarta coordenada? Es obvio que la hubo. ¿Hubo vida vegetal en la quinta coordenada? La hubo. ¿Y hubo vida mineral en la sexta coordenada? Sí, mas aclaro, la vida mineral de la sexta coordenada, o la vegetal de la quinta o la animal de la cuarta, en modo alguno se parecerían a la vida mineral, vegetal y animal de nuestro mundo meramente físico. Que más tarde se condensó esa vida mineral, vegetal y animal aquí, en este globo de materia tridimensional, no lo negamos. Pero eso fue a través del curso de millonadas de años.

¿Cómo podríamos nosotros definir en alguna forma los procesos evolutivos, desde el mineral hasta el hombre? No sería posible si nosotros elimináramos de la Naturaleza la cuestión esa planteada por Leibniz Me refiero a las Mónadas, Principios Inteligentes de la Naturaleza, las Mónadas o Jivas. Por cierto que entre el Monerón Atómico de Haeckel y el Zaristripa de Manú o el Jiva de los Indostaníes o la Mónada de Leibniz, como se le quiera llamar, media todo un abismo. Porque el Monerón Atómico de Haeckel está muy lejos de lo que es la verdadera Mónada o Principio de Vida.

Así que es cierto y de toda verdad que las chispas virginales, o simplemente las Mónadas de Leibniz, evolucionaron en el reino mineral durante la época de grandes actividades de la sexta dimensión. Evolucionaron también en el reino vegetal en la quinta dimensión, y avanzaron hasta el estado animal en la cuarta dimensión. Esto es incuestionable.

Estas dimensiones de la Naturaleza no está tarde el día en que puedan ser vistas a través de aparatos delicadísimos de óptica. Pero mientras llegue ese día, podemos estar seguros nosotros, los antropólogos gnósticos, que tendremos que soportar la misma burla que soportó Pasteur cuando hablaba de sus microbios. Mas un día estas dimensiones serán perceptibles por medio de la óptica y entonces la burla terminará. Por de pronto, como les decía a ustedes, se intentan experimentos para transformar las ondas sonoras en imágenes, cuando esto sea, se podrán ver todos los procesos evolutivos e involutivos de la Naturaleza. Y entonces el Anticristo de la falsa ciencia quedará desnudo ante el veredicto solemne de la conciencia pública.

En cuanto al organismo humano, ¿no ven Uds. que en principio es invisible?, A simple vista no se ve un zoospermo y un óvulo cuando comienzan el proceso de concepción, cuando comienza a formarse la célula germinal. ¿Quién podría suponer que de un zoospermo y una célula fertilizante pueda salir una Criatura? ¿Y se ve a simple vista acaso? Se sabe que existe por el microscopio, eso es obvio.

Así que vamos concretando en hechos, las Mónadas que pasaron por el reino mineral en la sexta dimensión son las mismas que pasaron por el reino vegetal en la quinta y por el reino animal en la cuarta. Y precisamente fue al final de la cuarta cuando apareció cierta criatura similar al antropoide, mas no antropoide, no un gorila, no un chimpancé ni algo por el estilo.

Al acercarse la época de actividad para el mundo tridimensional de Euclides, tal forma sufrió algunos cambios, algunas metamorfosis, lo mismo que las sufriera el planeta Tierra, y cristalizó al fin en figura humana. Téngase en cuenta que la morfología de las criaturas humanas y de la Naturaleza va cambiando conforme pasan los siglos. Incuestionablemente la morfología humana surgió de acuerdo con la edad protoplasmática de nuestra Tierra para venir realmente a la existencia y, pasando por los períodos hiperbóreo y lemúrico y atlante, fue la morfología alterándose un poco hasta nuestros días. Las criaturas que nos precedieron, la raza humana antigua, como lo atestiguan las tradiciones del antiguo México y de distintos países de la Tierra, fueron gigantes, han ido perdiendo estatura, hasta ser lo que actualmente son.

Si quisiéramos explicarnos las cuatro etapas mineral, vegetal, animal y humana, exclusivamente dentro de la zona tridimensional de Euclides en este mundo Tierra, estoy seguro, absolutamente seguro, que quedaría realmente convertido todo eso en nuevos enigmas sin solución alguna. A medida que nosotros ahondamos en esta cuestión y después del fracaso tan espantoso que ha tenido la antropología materialista, al no poder en realidad de verdad, haber dado una fecha ni el cómo ni el cuándo surgió el ser humano, hoy, no les queda a los científicos más remedio que aceptar la cruda realidad de las dimensiones superiores de la Naturaleza y del Cosmos. Que lo nieguen, tienen derecho a negarlo. Que se rían, ya he dicho: el que ríe de lo que desconoce está en el camino de ser idiota. ¿Que por qué no ven? Tampoco veía los microbios Pasteur y sin embargo hoy en día la óptica los puede ver.

A medida que vaya transcurriendo el tiempo, la ciencia materialista irá quedando desnuda ante los nuevos descubrimientos. Y cada día se hundirá más y más dentro del pozo mismo de su propia ignorancia.

Eso del Noe-pitecoide con sus tres hijos bastardos, el cinocéfalo con cola, el mono sin cola y el hombre arbóreo, resulta en verdad bueno como para un Moliere y sus caricaturas. En verdad que no tenemos nosotros en la sangre nada de Pitecoides, hasta ahora los hechos hablan por nosotros.


GLOSARIO SEGUNDA CÁTEDRA

EINSTEIN (ALBERTO): Físico Alemán, (1879 - 1955), naturalizado en Norteamérica en 1940. Autor de sus numerosos estudios de física teórica, formuló la "Teoría de la relatividad", de suma trascendencia en la ciencia moderna.

EOCENO: Empieza al concluir la época secundaria y termina al empezar el mioceno.

JIVA: (jiva) (Sánsc.) — Vida, en el sentido de lo absoluto; significa también la Mónada o "Atma-Buddhi". Jiva tiene además los significados de: principio vital, alma o espíritu viviente; ser, alma o espíritu individual, yo humano; Criatura o ser viviente, existencia. Al fin de una palabra compuesta, significa: vivo, viviente, vivificador.

LEIBNITZ: (Godofredo Guillermo): Célebre filósofo, matemático, físico, historiador, jurisconsulto, teólogo filósofo Alemán nacido en Leipzig, el 6 de julio de 1646. Muerto en Hanrover el 14 de noviembre de 1716. En su "Nuevo tratado sobre el entendimiento humano", "la Teodicea" y la "Monadología" desarrolla su filosofía.

MANU: Nombre de 14 personajes heroicos de la India, cada uno de los cuales es jefe y principio de un espacio de tiempo al cabo del cual experimenta el mundo una destrucción momentánea. El primero de éstos, padre del género humano, ha escrito el famoso código llamado Manava-Dnaima-Sastia. En dicho código, dividido en 12 libros, se trata del derecho público y privado y de los mandamientos de Dios.

MESOZOICA: Período geológico que duró aproximadamente desde hace 190 millones hasta hace 70 millones de años. Se le conoce como la era de los grandes reptiles.

MONADA: Cada uno de los seres invisibles en que se descompone el mundo, según el sistema de Leibnitz, el cual, para explicar aquel, le supone compuesto de seres indivisibles, todos representativos del mismo universo de que forman parte, aunque con representación adecuada a su categoría, y desenvolviéndose en una serie inmensa desde el orden ínfimo hasta lo infinito.

ONTOGENIA: Estudia el desarrollo de cada ser viviente desde su primera célula generadora hasta su estado adulto. Para Haeckel la ontogenia es la repetición abreviada de la filogenia o sea de la historia de la estirpe, a lo que denominó la ley Fundamental Biogenética.

PLACENTA: Órgano muy rico en vasos sanguíneos de los embriones de los mamíferos placentales por los cuales se posibilita la nutrición y respiración del embrión mediante que aquellos vasos sanguíneos se ponen en contacto intimo con lo del útero materno (matriz). El embrión está unido a la placenta por el cordón umbilical.

La formación de la placenta se inicia en el cortón, y está en relación con la alantoides. La serosa produce papilas ramificadas en que entran vasos sanguíneos. Cuando las papilas crecen en una región redondeada, se origina la placenta discoidal, como sucede en el género humano, insectívoros, prosimios, monos, quirópteros y roedores. En varios monos se forman dos discos, placenta bidiscoidal.

Publicado en Antropologia Gnóstica

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