EL DESAMPARO

En un artículo del periódico, hemos hallado el siguiente relato conmovedor:

“Un niño, con excesivos deberes para su edad, busca a su padre”.

“Impedido para estudiar puesto que debe atender a su madre enferma, el niño de once años, Carlos Alberto Santoyo, se ha dedicado a buscar a su padre, el señor Luis Santoyo Rojas, a quien no ve hace dos años”.

“Trata el pequeño exclusivamente de obtener la ayuda de su padre para curar a su madre que tiene una triple factura en la pierna derecha a consecuencia de un choque. Las condiciones en que el chico y su madre viven ahora que ella no puede trabajar son de lo más precario, pues durante el día la señora puede reposar un poco en casa donde se lo permiten, pero por la noche debe ella y el niño echarse en la calle porque no hay donde duerman en ese pequeño departamento de Zaragoza 79 interior I”.

“Dice Carlos Alberto que no pueden tener un techo bajo el cual dormir porque yo no puedo pagar la renta”. “Los pocos centavos que consigo haciendo mandados o en otras pequeñas ocupaciones, pues en ninguna manera me dan trabajo porque estoy muy chico, los utilizamos para poder comer por lo menos una vez al día”.

“Ignora el chico dónde está su padre, por eso quiere valerse de las columnas del periódico”.

Hasta aquí el artículo.

Nos extraña sobremanera que este periódico pueda hacer semejante relato tan conmovedor y sin embargo permanecer tan impasible. Se trata del diario más poderoso de México, sus dueños o el dueño, deben ser gente millonaria, y sin embargo hacen el relato y se quedan tan tranquilos, como si nada hubiera sucedido, como si esa pobre madre desamparada y ese pobre niño fueran perros. No hay piedad para los desamparados.

Nadie es capaz de brindarles un techo ni un pan. Ese poderoso periódico después de escuchar el relato del niño ha debido darles aun cuando fuese un miserable cuarto donde estos pobres desamparados pudiesen pasar la noche, se acerca el invierno y si estos infelices desamparados no consiguen un techo tendrán que morir de frío. Ya en un pasado invierno una pobre madre con un niño entre sus brazos murió de frío en un parque de la ciudad. No tenía la infeliz madre desamparada donde pasar la noche buscó el parque y allí murió.

El desamparo existe en plena civilización moderna. Es apenas creíble que haya gentes tan crueles e inhumanas. Mientras en los palacios y en las ricas mansiones duermen tranquilos los poderosos de la tierra, por las calles vagan madres con sus niños buscando un alero grande donde la lluvia no los bañe, o un parque húmedo y frío donde poder dormir un rato. ¿Cómo pueden tener estos infelices una patria? ¿Cuál patria? ¿Qué patria? ¿Una patria donde ellos no tienen un techo? ¿Una patria donde ellos no tienen amparo? ¿Qué hacen las religiones? ¿Dónde está la caridad que tanto predican? ¿Porqué no se la aplican? Por todas partes vemos suntuosas catedrales y ricas mansiones pero los desamparados continúan como siempre... no hay caridad humana, los sacerdotes de todas las religiones la predican, sí, la predican pero no la practican.

Es necesario, es justo, que las religiones den el ejemplo. Necesitamos realizar el Cristo Social sobre la faz de la tierra, en la práctica. Se hace indispensable que las religiones velen por los desamparados, es urgente que los sacerdotes de todos los cultos enseñen caridad en la práctica. Podrían los distintos cultos religiosos tener casas especiales para los desamparados. Son precisamente los sacerdotes de las distintas religiones los llamados a velar por los desamparados.

¿Y el estado? ¿Qué hace el Estado por los desamparados? Es apenas creíble que los gobernantes de la tierra puedan dormir tranquilos sabiendo que por las calzadas y parques de las ciudades vagan madres y niños que no tienen donde dormir; ancianos que sucumben de frío, y enfermos sin amparo. Se necesita tener corazón de hiena, para dormir tan tranquilos teniendo sobre sus hombros la responsabilidad del gobernante.

Los grandes señores parecen ignorar la tremenda verdad de que todos los seres humanos sea cual fuere su posición social o su creencia religiosa, pertenezcamos a una gran familia, nadie puede ser más que nadie en esta gran familia. Resulta pues absurdo dejar en desamparo a cualquier miembro de la familia humana.

El resultado de semejante crueldad, son las revoluciones sangrientas, las dictaduras violentas, los extremismos políticos, las persecuciones religiosas, los atentados contra las sectas religiosas, etc. Nunca ha traído buenas consecuencias la crueldad. Los extremismos políticos son precisamente una consecuencia de la falta de comprensión y caridad.

Necesitamos que las naciones vivan en paz y esto es imposible mientras exista la crueldad humana, debemos combatir contra la crueldad con las armas de la caridad.

Las religiones necesitan de sus templos para orar y celebrar sus santos rituales. Sin embargo es necesario comprender que hay ciudades donde existe súper abundancia de templos. Hemos visto en una sola calle dos y tres templos. Eso ya no está bien. Necesitamos ser caritativos, el dinero que se ha de invertir en tantos templos, puede ser invertido en casa de asilo para los desamparados. Este es el camino de la realización del Cristo Social. Las religiones necesitan enseñarle al mundo a vivir los principios religiosos, deben iniciar una gran reforma social.

Actualmente el mundo está en crisis. Existe en algunos países persecución religiosa. Ha llegado el momento en que las religiones superen esa crisis mundial enseñándole a la humanidad en la práctica el camino verdadero del Cristo Social. Hoy ya no basta predicar teóricamente. Hoy las religiones deben enseñar prácticamente.

Las religiones deben dar el ejemplo para que lo tomen los individuos, los pueblos y los estados.

Cuando las religiones como vehículo de los valores eternos enseñen con la práctica la necesidad de dar asilo al desamparado, no faltarán entonces hombres comprensivos que lleven ante los gobiernos proyectos de fondo y base para crear en forma efectiva el ENTE DE PREVISIÓN Y AYUDA SOCIAL ¿Quién podría resolverlo definitivamente y para siempre el problema de los desamparados?

Hay necesidad de comenzar a resolver ahora mismo este problema. Que empiecen las religiones, menos catedrales y más casas para los desamparados.

El estado seguirá después imitando el ejemplo. Alguien debe comenzar; que comiencen los que predican la caridad.

El desamparo y la miseria producen eso que se llama comunismo.

Publicado en El Cristo Social

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