LA CONCIENCIA

Después de la destrucción de la Atlántida, la Conciencia humana se dividió en dos. La primera fue llamada Conciencia y la segunda, recibió el nombre de subconciencia.

La subconciencia resultó de nuestras formas y maneras equivocadas de vivir.

La subconciencia debería ser Conciencia, pero desgraciadamente vivimos tan equivocadamente que una de nuestras dos partes duermen en forma profunda y se denomina subconciencia.

El subconsciente trabaja especialmente durante el sueño del cuerpo físico; si dicho subconsciente despertara y se tornara todo Conciencia, entonces es claro que viviríamos durante las horas de sueño totalmente despiertos en las dimensiones superiores del espacio.

El ser humano posee además del cuerpo físico, un cuerpo molecular con el cual viaja durante las horas de sueño a muy lejanas distancias; desgraciadamente el subconsciente sólo nos permite experiencias subconscientes, subjetivas, vivencias conocidas como sueños.

Quien quiera tornarse consciente durante el sueño debe volver consciente a su segunda mitad llamada subconsciente.

Si el subconsciente se vuelve consciente, tenemos acceso al conocimiento trascendental de las dimensiones superiores del espacio.

Antes del sumergimiento de la Atlántida no se había dividido la Conciencia humana y todo era Conciencia, entonces durante el sueño del cuerpo físico el ser humano viajaba con su cuerpo molecular consciente y positivamente.

Cuando el ser humano estableció dentro de sí mismo, semejante forma anormal de ser, la naturaleza se adaptó a esta dualidad concientiva estableciendo dos sistemas de circulación sanguínea dentro de nuestro organismo.

Cada una de estas circulaciones sanguíneas comienza a provocar el funcionamiento intensivo de las dos conciencias, y viceversa, el funcionamiento intensivo de cualquiera de las dos conciencias produce el tipo de circulación sanguínea correspondiente.

Dentro del organismo humano en la condición del estado de vigilia, el centro de gravitación de la presión sanguínea se encuentra en un parte del maravilloso sistema de vasos sanguíneos y durante el sueño en otra parte de los vasos.

Si el ser humano consigue volver consciente al subconsciente, entonces durante el sueño de su cuerpo físico puede dedicarse a estudiar las maravillas de la naturaleza moviéndose con el cuerpo molecular en las dimensiones superiores del espacio.

Cuando el subconsciente se vuelve consciente se produce un cambio radical dentro del individuo.

Carlos Marx nada sabe sobre esta dualidad de la conciencia. Carlos Marx ignora totalmente todo lo relacionado con la conciencia.

Realmente sólo un fracasado como Carlos Marx pudo habérsele ocurrido decir frases como la siguiente: «No es la conciencia del hombre la que determina su existencia, sino por el contrario, su existencia social la que determina su conciencia».

No quiso darse cuenta este tonto materialista que lo exterior es una simple proyección de lo interior, si la segunda parte de nuestra conciencia es subconciencia, es claro que todos nuestros actos resultan absurdos, utópicos, bárbaros.

Necesitamos con urgencia volver consciente al subconsciente; recordad querido lector que lo exterior es una mera proyección de lo interior.

El pensamiento sentimiento son los factores determinantes de la vida exterior.

Lo que somos psicológicamente eso es nuestra sociedad, nuestro estado, nuestra religión.

Si verdaderamente queremos hacer un mundo mejor sin necesidad de revoluciones de sangre y aguardiente debemos primero efectuar dentro de nosotros mismos un profundo cambio psicológico.

Todos nuestros errores, toda nuestra forma equivocada de vivir se volvió subconciencia.

Ahora debemos explorar el subconsciente por medio de la autorreflexión, a fin de conocer todos nuestros errores profundamente; sólo conociendo a fondo nuestros errores subconscientes, podemos producir dentro de cada uno de nosotros un cambio radical.

La regeneración interna debe ser inteligente, no obligada, voluntaria, completa.

Es absurdo abordar el problema de la existencia desde afuera; cuando cometemos ese error caemos en el conflicto terrible de la dualidad que embota la mente y el corazón.

Mientras continúen los errores en el subconsciente, mientras existan en forma íntima, estamos expuestos a cometer en la vida práctica muy grandes equivocaciones.

Necesitamos analizar intelectualmente todos nuestros defectos personales, y luego descubrirlos en el subconsciente con la técnica de la meditación.

Debemos extraer las raíces del mal de entre el subconsciente, sólo así podemos provocar en nosotros un cambio radical.

Si nos hacemos conscientes de nuestros errores subconscientes el subconsciente se torna consciente.

Si modificamos lo interno, se transforma lo externo, si realmente queremos una sociedad sin clases, una sociedad perfecta, sin hambre, sin miseria, debemos provocar en nosotros un cambio radical interior, debemos acabar con la dualidad de la conciencia.

Ha llegado la hora de trabajar intensamente para hacernos auto-concientes en forma íntegra.

Se necesita ser sinceros con nosotros mismos; Realmente nadie puede ser sincero consigo mismo, si no es capaz de experimentar eso que se llama remordimiento.

Sincerándonos consigo mismos podemos auto descubrirnos; cada vez que descubrimos algún error comprendemos que éste tiene profundas raíces subconscientes.

Cada vez que exploramos el subconsciente para extraer la raíz de algún defecto íntimo, estimulamos a aquél a trabajar y despertar.

Toda auténtica transformación social debe venir de adentro, de lo profundo.

Si no queremos equivocarnos en política es necesario no convertirnos en una miserable colección de vacuos soñadores comunistas; el Partido Socialista Cristiano debe tomar como punto de partida para su actuación inteligente, no los principios fantásticos de la dialéctica marxista, sino las condiciones concretas y prácticas de la vida espiritual y material de la sociedad, que constituyen la fuerza decisiva del desarrollo social.

El fracaso de los soñadores marxista-leninistas se explica entre otras razones, por querer desconocer la importancia primaria de la vida espiritual como factor decisivo de la vida material, de la sociedad y del individuo.

La fuerza y la vitalidad del Socialismo Cristiano estriban precisamente en que toma como base para su actuación práctica, las exigencias espirituales y económicas del individuo, respetando toda religión y defendiendo la libre iniciativa individual.

Las condiciones económicas y políticas de la sociedad son el reflejo de su vida espiritual, cuando esta última es pobre entonces las condiciones económicas y políticas del mundo, son desastrosas, lo exterior es tan sólo la proyección de lo interior, si lo interior es miserable, lo exterior será miserable.

Hay ideas y teorías viejas que han cumplido ya su misión y que sirven a los intereses de fuerzas sociales caducas; su horrible y asqueante papel es entonces frenar el desarrollo de la sociedad cuando esta en marcha en forma progresiva. Hay también ideas y teorías nuevas como las del Socialismo Cristiano, que sirven a los intereses de las fuerzas de avanzada de la sociedad.

Los métodos materialistas positivistas desembocan en absurdo; el positivismo no permite jamás conocer el profundo significado de todas las cosas; la naturaleza es un libro cerrado y sellado para los materialistas, ellos sólo conocen la apariencia de las cosas.

Imaginad querido lector, a un salvaje que por pura casualidad encontrara en la selva el motor abandonado de algún automóvil, admitamos que dicho salvaje fuera muy inteligente, observaría el motor muy cuidadosamente, contaría todas sus piezas, admiraría su maravillosa construcción, pero desconocería su profundo significado, jamás sospecharía el pobre salvaje la posibilidad de viajar en un carro impulsado por dicha máquina.

Esa es exactamente la posición en que se encuentran los filósofos positivistas materialistas ante los distintos fenómenos de la naturaleza.

Es vergonzosa la ignorancia marxista queriendo explicar la conciencia, resultan risibles las explicaciones subconscientes de los filósofos dormidos del tan cacareado positivismo materialista.

La existencia social es determinada por la conciencia y si está dormida, el resultado es el fracaso.

El ser humano necesita volverse auto-consciente, si es que realmente quiere ser feliz y hacer de verdad un mundo mejor.

Es necesario despertar el Budhata (la Conciencia)

El mundo actual está lleno de pesadillas, pesadillas de guerras, revoluciones de sangre y aguardiente, espías, gestapos, fusilamientos, fronteras, aduanas, hambre, miseria, egoísmo, etc., etc., etc.

Cuando la Conciencia despierte, se acabarán esas horribles pesadillas que han convertido la vida en un verdadero infierno.

Todo el mundo vive soñando y lo peor del caso es que nadie cree que tiene la Conciencia Dormida. Todos se creen despiertos.

El subconsciente humano tiene ahora y por estos tiempos mayor volumen que el consciente.

Realmente la humanidad tiene un noventa y siete por ciento de subconsciente y un tres por ciento de consciente.

Esto significa que la gente anda soñando, trabaja soñando, maneja carros soñando, etc., etc., etc.

Cuando el yo pluralizado se desintegra totalmente, el subconsciente se torna consciente.

Quien logra la aniquilación del yo en forma absoluta, adquiere por ese sólo hecho un cien por cien de Conciencia.

Carlos Marx fue cien por cien subconsciente. Si Carlos Marx hubiera tenido siquiera un tres por ciento de consciente, no habría escrito su dialéctica materialista.

Publicado en El Cristo Social

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