ALABANZAS

Tratándose de alabanzas, adulaciones, lisonjas, elogios, etc., debemos hablar francamente y sin ambages.

Es incuestionable que tales desatinos, desaciertos, dislates, absurdos, tienen su "Causa-Causorum" en el Ego, en el mi Mismo, en el Si Mismo.

Podemos y hasta debemos sentar el siguiente postulado: "El Ego es la suma total de todos nuestros defectos psicológicos".

Es indubitable que el Mi Mismo se procesa siempre dentro de la ley de los contrastes.

Alabanzas y Vituperios; Adulaciones e Insultos; Elogios y Difamaciones; Lisonjas y Criticas devienen intrínsecamente del Yo Psicológico.

En la práctica pude verificar claramente que aquellos que en el pasado me alabaron, elogiaron, adularon, etc., mas tarde me satirizaron; censuraron, ridiculizaron, flagelaron, vejaron etc., etc., etc.

Desatinado e ilógico es alabar al cartero que nos entregó un Mensaje. Al recadero.

En nombre de la Verdad debo confesar públicamente ante el veredicto solemne de la conciencia publica, que mi insignificante persona no vale ni siquiera un Dólar...

Alabarme, lisonjearme, adularme, enviarme elogios por correspondencia, es ciertamente una broma de muy mal gusto.

Es obvio que toda carta portadora de tales Sandeces, irá a parar al cesto de la basura o se devolverá a su remitente.

Para mayor consuelo de mis enemigos digo en forma enfática lo siguiente: "Jamás he presumido de Perfecto; estoy absolutamente convencido de que soy un imbécil".

Resulta pues pueril e insensato enviarme alabanzas por correo o agasajarme, o rendirme pleitesía.

Estoy pensando en voz alta, sincerándome conmigo mismo, fijando posiciones...

En modo alguno quiero presumir de humilde, ser franco me parece que no es un delito.

No quiero tampoco tener "Perorgullos" de Modestia; confieso lo que siento y no creo que con esto haga daño a alguien.

Mis mejores amigos son mis enemigos porque estos últimos me obligan a Autodescubrirme...

Obviamente enfatizo lo siguiente: "En todo AUTO-DESCUBRIMIENTO existe AUTO-REVELACIÓN"..

Amo a mis peores críticos porque gracias a ellos me conozco cada vez mejor. ¡Benditos sean mis detractores!

Publicado en Gran Manifiesto Gnóstico 1972

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