EL PRIMER GRAN NACIMIENTO DEL CRISTO JESÚS

La primera gran iniciación de Jesús fue tan natural y sencilla como el nacimiento humilde e inocente de una flor de loto. El Bodhisattva Jesús no codiciaba iniciaciones, ni poderes, ni títulos, ni grados, ni jerarquías, ni maestrazgos, ni posiciones sociales, ni divinas, ni reinos, ni oro, ni plata. Siendo mas que todos los Ángeles, Arcángeles, Serafines, potestades, etc., prefirió ser únicamente un buen hombre.

Alguien dijo: "Más vale ser un buen hombre que un mal Ángel".

En sus formas mas complicadas el yo se vuelve sutilmente codicioso, ya no codicia títulos de nobleza, pero codicia títulos divinos, quiere que todos lo llamen maestro, quiere títulos jerárquicos y esotéricos, y pierde larguísimas eternidades infinitas enredado entre el karma de los mundos, ya no codicia oro ni plata, pero codicia poderes ocultos. Ya no codicia honores y grandezas pero si iniciaciones y grados. Ya no codicia señoríos ni reinos terrenales, pero codicia reinos internos, señoríos y majestades en los mundos superiores, goza gobernando paraísos y aunque os parezca increíble llega hasta a sentirse celoso de su propia jerarquía divina y se convierte en tentador inefable. Goza gobernando mundos y soles, y ofrece sus edenes a los Bodhisattvas de compasión. Ya no quiere descansar en mullidos lechos y en cómodas mansiones terrenales, pero si anhela descansar en la dicha inefable del nirvana, a estos seres no les gusta el camino estrecho, duro y difícil. Goza en descansos nirvánicos, celestiales, mientras la pobre humanidad sufre y llora; y nos ofrecen sus paraísos seductores para impedimos la entrada en el Absoluto.

En verdad os digo amados discípulos que es mejor renunciar a la dicha del nirvana para seguir la senda del deber largo y amargo.

El deber nos lleva directo al Absoluto, esto es mejor que la dicha del nirvana, no nos dejemos caer en esas divinas tentaciones nirvánicas.

El Bodhisattva que renuncia a las tentaciones nirvánicas, a los reinos planetarios que le ofrecen los Dioses tentadores y renuncia al nirvana (dicha celestial) por amor a la humanidad, es confirmado tres veces honrado y después de eternidades se gana el derecho de entrar al Absoluto: El Absoluto es la vida libre en su movimiento, es la suprema realidad, espacio abstracto que solo se expresa como movimiento abstracto absoluto, felicidad sin límites, omnisciencia total. El Absoluto es Luz increada y plenitud perfecta, felicidad absoluta, vida libre en su movimiento, vida sin condiciones, sin limites.

Tenemos que terminar el proceso del yo para tener derecho a SER absolutamente. En su forma más sutilmente refinada, el yo se transforma en un niño peligroso. El yo de muchos maestros nirvánicos nos tienta diciéndonos: "Abandona el duro camino y ven al nirvana nosotros somos felices". Compadecidos de nuestro dolor nos tientan con la dicha Nirvánica. El yo de los Ángeles, Arcángeles, Serafines, Potestades, Virtudes, Tronos, y jerarquías de diferentes esplendores, siempre tiene el aspecto inocente de niños llenos de belleza, ese yo divino codicia grados, iniciaciones, poderes, títulos divinos, majestades nirvánicas y divinos señoríos. El yo divino es el mismo yo hombre, totalmente refinado. ¡Escuchadme! Hombres y Dioses. ¡Escuchadme! ¡Oh! Ángeles del nirvana. ¡Escuchadme! Dioses planetarios, seres felices, divinos Nirvanis, ¡escuchadme! Nosotros decimos: El sendero largo y amargo del deber que nos lleva directo al Absoluto es mejor que la dicha Nirvánica. Los que seguimos la senda del deber no queremos apartarnos de esa senda. ¡Ay! De aquellos que se apartan de la dura senda, quedarán enredados entre el karma de los mundos. Nosotros los que amamos mucho a la humanidad decimos: mientras haya una sola lágrima en los ojos humanos, mientras haya un solo corazón doliente, nos negamos a aceptar la felicidad. En lugar de codiciar grados, poderes, iniciaciones y señoríos divinos debemos esforzarnos en ser hombres útiles a la humanidad doliente.

Debemos esforzarnos en la ley del gran servicio. Debemos buscar el trabajo fecundo en la Gran Obra del PADRE. Debemos buscar los medios para ser cada vez más y más útiles a la pobre humanidad doliente. Esto es mejor que codiciar títulos internos, iniciaciones, grados esotéricos y reinos planetarios.

La personalidad, la individualidad y el yo, son las duras cadenas que nos amarran a la dura roca del dolor y de la amargura. Los Dioses y los hombres están sometidos al dolor de la vida condicionada.

En el Absoluto pasamos más allá del karma y de los Dioses; más allá de la ley. La mente y la conciencia individual sólo sirven para mortificarnos la vida. En el Absoluto no tenemos mente ni conciencia individual. Allí somos el Ser incondicionado, libre y absolutamente feliz. El Absoluto es vida libre en su movimiento, sin condiciones, sin limitaciones, sin el mortificante temor de la ley, vida más allá del espíritu y de la materia, más allá del karma y del dolor, más allá del pensamiento, del verbo y del acto, más allá del silencio y del sonido, más allá de las formas.

El Absoluto es espacio abstracto absoluto, movimiento abstracto absoluto; libertad absoluta, sin condiciones, sin reservas. Omnisciencia absoluta y felicidad absoluta.

Tenemos que acabar con el proceso del yo para entrar en el Absoluto. El yo humano debe entrar a la casa de los muertos. Debe ir a la fosa común de los despojos astrales. Debe desintegrarse en el abismo, para que nazca el Ser lleno de majestad y poder.

El yo de muchos maestros goza con sus poderes y señoríos; se auto declara divino y se reviste de majestad y belleza inefables. El yo de muchos maestros se desnuda como la mujer ramera para mostrar sus formas y sus poderes a los demás, goza contando sus visiones para que otros lo admiren y veneren, habla de sus iniciaciones y cuenta sus cosas secretas, es como el avaro que vive contando su dinero, es como el bribón que vive lleno de orgullo hablando constantemente de su linaje azul y de sus grandes capitales.

¡Escuchadme! Hombres y Dioses, las iniciaciones son despertares de la conciencia, asuntos íntimos de la conciencia; aprendamos a callar, a ser humildes, a ser modestos. La auténtica evolución está en la conciencia, no en el yo. El yo no evoluciona, se complica, eso es todo. La conciencia mineral evoluciona cuando despierta como conciencia vegetal. Cada átomo mineral es el cuerpo físico de una criatura elemental llena de belleza; estos elementales minerales tienen lenguaje, su conciencia y se agrupan en tribus o familias; parecen niños inocentes.

Sobre la escala mineral está el reino sublime de los vegetales. La conciencia vegetal evoluciona también hasta despertar como conciencia animal. Cada planta es el cuerpo de un niño elemental que aspira a entrar en el reino animal. La conciencia animal evoluciona también hasta despertar como conciencia humana. Mucho más tarde el hombre despierta como Ángel, Arcángel, etc.

El yo es tan solo una larva, es la misma larva del umbral, que se va complicando cada vez más y más, el yo es la bestia interna, que controla los cuatro cuerpos (físico, Etérico, astral y mental), así está constituido ese monstruo llamado "Personalidad".

El yo de muchos maestros ya no quiere posiciones políticas, pero quiere posiciones espirituales, goza como líder y pelea por altas posiciones jerárquicas dentro de escuelas, logias y movimientos espirituales. Tenemos que acabar con el proceso del yo y con la personalidad para tener derecho a Ser. Tenemos que acabar con la individualidad para tener derecho a recibir la Corona de Justicia.

Sólo la vida impersonal y el Ser, nos pueden dar la legitima felicidad de la gran vida libre en su movimiento.

Publicado en Los Misterios Mayores

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