LOS CISNES DEL PARAÍSO

El cisne Kala-Hamsa posado sobre una flor de loto, flota sobre las aguas puras de vida. Kala-Hamsa, significa: "YO SOY ÉL" "YO SOY ÉL" "YO SOY ÉL". En otras palabras podemos decir; "El Espíritu de Dios flota sobre la haz de las aguas".

La Divinidad alienta sobre el mar de la Eternidad. Dios está dentro de nosotros mismos, y dentro de nosotros mismos lo podemos encontrar. Yo soy Él, Yo soy Él. Yo soy Él.

Dios es Amor. El amor se halla inmanente y trascendente en cada gota del gran océano. A Dios solo lo podemos encontrar en el sexo y en el amor. El cisne representa el Amor. El Amor solo se alienta con amor. El cisne nació para amar.

Cuando uno de la pareja muere, el otro muere de tristeza

En el Edem los cisnes asisten a la mesa de los Ángeles. Ellos elaboran dentro de la inmaculada blancura de su buche manjares inefables que los Dioses beben en sus copas diamantinas. Las combinaciones de la sustancia infinita son maravillosas. El semen que llevamos en nuestras glándulas sexuales es la sustancia infinita del gran océano. Las múltiples combinaciones de esta sustancia infinita se convierten en continentes llenos de plantas, flores y frutos.

Las múltiples combinaciones de esta sustancia infinita dan origen a todo lo creado, aves y monstruos, hombres y bestias. Todo sale de las aguas seminales del Génesis. En esas aguas alienta el amor. Parsifal rompió su arco lleno de remordimiento después de haber matado al cisne cerca al castillo de Montsalvat,

El cisne de Leda nos recuerda los encantos del amor. El cisne del amor hace fecundas las aguas de la vida. El fuego del amor hace brotar la vida de entre el gran océano. El agua es el habitáculo del fuego. El fuego sexual dormita entre las aguas puras de vida. El fuego y el agua unidos en un trance de amor dieron origen a todo el Universo. Dentro de nuestras aguas seminales alienta el fuego del amor. El fuego del amor hace fecundas las aguas de la vida. El cisne simboliza el amor. El cisne solo se alimenta de amor. Cuando uno de la pareja muere, el otro sucumbe de tristeza.

Publicado en Los Misterios Mayores

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