SANTUARIOS GNÓSTICOS

Todo gnóstico puede formar su Santuario en su casa; una mesa, pan y vino de uva; se encienden tres lumbres sobre el altar.

Un caballero hará el oficio de sacerdote y otro el oficio de Monaguillo, al terminar la ceremonia se hace la cadena mágica así: los asistentes en forma de rueda, se toman por las manos, las palmas de la mano izquierda estarán hacia arriba recibiendo y las palmas de las manos derechas hacia abajo en actitud de dar fuerza al hermano, la izquierda recibe, la derecha da.

Las fuerzas ocultas circularán por esta cadena y luego se irradiaran diciendo: "Que todos los seres sean felices, que todos los seres sean dichosos, que todos, los seres sean en paz"; luego se entona el mantram AOM, abriendo la boca con la A, redondeándola con la O y cerrándola con la M, hay que alargar el sonido de cada letra; Este ritual gnóstico era celebrado por los apóstoles de Jesús, este ritual es un trabajo de alta magia ceremonial, al realizarlo se verifica simultáneamente en todos los siete planos de conciencia cósmica; las fuerzas del Cristo cósmico descienden y se acumulan en el pan y el vino. Cuando los devotos comen el pan y el vino llevan a su organismo y a sus cuerpos internos los átomos Crísticos, con los cuales se despiertan nuestros mágicos poderes; Este rito fue verificado por Jesús en la ultima cena en casa de José de Arimatea.

Este rito fue verificado por los gnósticos en las catacumbas de Roma en tiempos de Nerón; esta es la verdadera y legitima misa del Cristo Jesús que estuvo oculta durante 20 siglos. "Y estando ellos comiendo, tomó Jesús el pan y bendiciendo lo partió y les dio, y dijo: tomad, este es mi cuerpo"; "Y tomando el vaso habiendo hecho gracias les dio; y bebieron de el todos" "Y les dice, esto es mi sangre, del nuevo pacto, que por muchos será derramada" (vers. 22-23-24, cap. 14, Marcos).

MISA GNÓSTICA

Me acerco al altar de Dios, que edifica la mente y enciende el esplendor de una eterna Juventud.

El sacerdote en el altar, vuelto hacia los fieles, expresa:

Crestos sea con vosotros.

Acólito: Él ilumine tu espíritu.

El sacerdote vuelto hacia el altar:

Ven, oh santa palabra... Ven, oh nombre sagrado de la fuerza Crestos... Ven, oh energía sublime... Ven, oh misericordia divina... Ven, oh suprema Seidad del Altísimo.

El sacerdote de frente hacia los fieles, describe una cruz sobre la frente, otra sobre el pecho y finalmente un circulo de izquierda a derecha comenzando en el centro de la frente, siguiendo por el hombro izquierdo a corazón y volviendo por el derecho a ser cerrado en el mismo lugar del comienzo. Exclama:

Crestos sea con vosotros.

Acólito: Él ilumine tu espíritu.

Sacerdote de cara al altar:

Ven tú, que descubres el velo del misterio.

Ven tú, madre de los 7 centros que descansas en la armonía de la octava.

Ven tú, que eras antes de que fueran los cinco sentidos. Espíritu, mente, sentimiento y razón, deja que participemos de tu santa gracia, nosotros los nacidos más tarde.

Ven, santo aliento, inmaculado soplo y purifica mis glándulas internas donde el ritmo de mi vida existe.

Ven, y encamina mi corazón desorientado para que los puros sentimientos míos broten de esa santa fuente.

Sacerdote vuelto hacia los fieles:

Crestos sea con vosotros.

Acólito: Él ilumine tu espíritu.

Sacerdote de frente al Altar:

Escuchad gran Seidad, padre de todo lo creado, Luz divina; Tú, redentor nuestro, perdona cuantos errores hemos cometido y los de aquellos que nos escuchan visible e invisiblemente, para que podamos todos participar del reino de la justicia y de estar contigo en la inmensidad de la Luz. Bendice y da poder a todos cuantos nos siguen, pues cumplen la ley.

Escuchad, Oh Ángeles...

Ayudadme, padre de todo lo creado, causa infinita de todo lo existente y dad vida a este, tu pueblo. A cuantos nos siguen asístelos y presta a todos el apoyo necesario en todas las ocasiones de la vida, para que se hagan merecedores de tu santa gracia. Nosotros conocemos tu poder y yo te conjuro: Ven, Ven, Ven.

Perdona tú todos nuestros errores, alivia todos nuestros males. Dadnos una señal aquí mismo en este sacrificio o en los días venideros.

El sacerdote avanza un paso y dice:

Escucho vuestro testimonio.

Viene una pausa durante la cual en alta voz los beneficiados, los curados, relatan sus experiencias en frases sencillas. Después de haber escuchado a todos, el sacerdote se coloca otra vez en el altar y dice:

Alegraos, nuestros errores están perdonados. El poder supremo está con nosotros.

Todos responden: Amén, Amén, Amén.

(Esta práctica se puede intercalar después de la plática, cuando hay fiesta mayor).

EL SANTO SACRIFICIO.

El sacerdote se retira al altar de la derecha y lee los siguientes trozos de las sagradas escrituras:

...Y Jesús, el Divino gran sacerdote Gnóstico, entonó un dulce cántico en loor del gran nombre y dijo a sus discípulos: Venid hacia mí. Y ellos así lo hicieron. Entonces se dirigió a los 4 puntos cardinales, extendió su quieta mirada y pronunció el nombre profundamente sagrado LEW, y les sopló en los ojos.

Mirad hacia arriba exclamó: ya sois clarividentes. Ellos entonces levantaron la mirada hacia donde Jesús les señaló y vieron una gran Cruz que ningún ser humano podría describir. Y el gran sacerdote dijo: Apartad la vista de esa gran Luz y mirad hacia el otro lado. Entonces vieron un gran fuego, agua, vino y sangre.

Aquí la bendición del pan y el vino.

Y el Gran Sacerdote continuó: En verdad os digo que no he traído nada al mundo sino el Fuego, el Agua, el Vino y la Sangre de redención.

He traído el Fuego y el Agua del lugar de la Luz, del depósito de la Luz, de allí donde la Luz se encuentra. Y he traído el vino y la sangre de la morada de Barbelos.

Después de pasado algún tiempo el Padre me ha enviado el Espíritu Santo en forma de blanca paloma, pero oíd: el Fuego, el Agua y el Vino, son para la purificación y perdón de los pecados. La Sangre me fue dada solo como símbolo del cuerpo humano, la que recibí en la morada de Barbelos de la gran fuerza del Dios universal.

El Espíritu Santo como en mí, desciende a todos, y a todos ha de llevarlos al supremo lugar de Luz. Por eso os he dicho que he venido a traer fuego a la tierra, que es lo mismo que descender para redimir los pecados del mundo mediante el Fuego.

Y por eso Jesús repitió: si supierais y conocierais la gran dadiva de Dios; si percibieseis quien es el que os habla y os dice: "dadme de beber", me rogaríais que os diera de la fuente eterna que es manantial de dulce ambrosía y os convirtierais en la misma fuente de vida.

El sacerdote se dirige al altar mayor, eleva el cáliz en la mano izquierda y lo exhibe:

Y tomó el cáliz, lo bendijo y se lo ofreció a todos, diciendo: Esta es mi Sangre de la alianza que se vertió por vosotros para redimiros del pecado y por eso se introdujo la lanza en mi costado para que de mi herida brotara sangre y agua.

El sacerdote torna al lado derecho y lo pone en la mano derecha.

Y el gran sacerdote Jesús dijo a los suyos: Traedme fuego, y ramas de vid. Y así lo hicieron. Colocó entonces el sacrificio sobre el altar y una fuente de vino a su lado, una a la derecha y otra a su izquierda; una fuente de agua ante el vino.

Pone el cáliz sobre la mesa y levantando la mano derecha dice:

Y puso pan según los que le escuchaban y el gran sacerdote Jesús se mantuvo vestido con vestiduras blancas, al que imitaron los apóstoles.

Toma el cáliz, va al altar mayor y dice vuelto a la concurrencia:

Y en vuestras manos os digo que está el número del nombre del Padre, que es la fuente de Luz.

Todos se arrodillan, el sacerdote alza las manos en actitud suplicante y exclama:

Escuchad gran Seidad, padre de todo lo creado, Luz divina, I. A. O.

Todos responden: Amén.

Sacerdote:

Crestos sea con vosotros.

Acolito: Él ilumine tu Espíritu.

Regresando al altar:

Ven, santo querer, divina esencia volitiva y transforma mi voluntad haciéndola una con la tuya.

Ven, supremo poder y desciende sobre aquellos que conocen el misterio.

Ven, valor excelso y dame la templanza y fuerza que se necesita para penetrarlo.

Ven, santo silencio, que hablas del poder y de la magnitud que él encierra y revélame lo oculto...

Ven, y descúbreme el misterio... Desciende, santa paloma de albo plumaje sobre nosotros, tú eres la madre de los gemelos. Acude madre mística, que solo te manifiestas en nuestras obras. Acércate santa alegría de los cielos y posa sobre nuestras cabezas.

Tú llevas la hebra de oro que a todos nos enlaza. Aliéntanos a los que participamos en este sacrificio de la eucaristía, celebrado en esta santa remembranza tuya, para purificarnos y fortalecernos. Ayúdanos a recibir la Luz, tú que ahora nos has llamado hacia los fieles.

Crestos sea con vosotros.

Acolito: Él ilumine tu espíritu.

Todos de pie, el sacerdote dice:

Creo en la unidad de Dios, en el Padre como entidad impersonal, inefable e irrevelado, que nadie ha visto, pero cuya fuerza, potencia creatriz, ha sido y es plasmada en el ritmo perenne de la creación.

Yo creo en María, Maya, Isis, o bajo el nombre que sea, en la fuerza física simbolizando a la naturaleza, cuya concepción y alumbramiento revela la fertilidad de la naturaleza.

Acólito: Yo creo en el misterio del Bafometo y del Demiurgo (espíritu entre Dios y la criatura).

Sacerdote:

Yo creo en una iglesia trascendida, superior, mantenida en las almas puras, en la jerarquía blanca, representada por la Fraternidad Blanca, y que tiene su exponente en la Santa Iglesia Gnóstica, dirigida por Patriarcas, Apóstoles, Obispos y Sacerdotes.

Acólito: Nuestra ley es amor, vida, libertad y triunfo.

Sacerdote:Nuestro lema divisa es: THE LE MA.

Yo creo en la comunidad de las almas purificadas, así es como el pan material se transforma en sustancia espiritual.

Creo en el bautismo de la sabiduría, la cual realiza el milagro de hacernos humanos.

Yo conozco y reconozco la esencialidad de mi vida, trascendida como la totalidad sin fin cronológico que abarca la órbita fuera del tiempo y del espacio.

Todos: Así sea.

El sacerdote va al pulpito o al altar lateral y predica los misterios gnósticos. Después del sermón vuelve al altar y pronuncia a la Cruz:

Llenos de júbilo y desbordantes de fe, venimos a ti ¡oh cruz!, ¡Oh rosa santa, santa y divina.

Tú que das el bálsamo para cada llaga y alientas el fuego que enciende la vida. Tú, que das la vida, me ofreces la cruz que yo reconozco como la mía propia. Yo sé de tu misterio, del sagrado misterio que te envuelve, pues fuiste donada al mundo para hacer infinitas las cosas limitadas.

Tu cabeza se yergue majestuosa hasta tocar el cielo para que seas el símbolo del Logos Divino. Para que presida en tu estructura la intersección del madero atravesado que forma tus dos brazos, como dos manos ingentes, que se extienden para ahuyentar las fuerzas siniestras y los poderes inferiores. Para unir en una iglesia de santa fraternidad a todos los seres humanos de puro y noble corazón.

Tu pie, como una lanza, está clavado en tierra para que puedas redimir, para que ayudes en tu impulso volitivo a todas las entidades que moran bajo el suelo, en las regiones inferiores del mundo, y que a través de múltiples encarnaciones puedan llegar a la divinidad para estar reunidas eternamente en ti.

Oh tú, Cruz de los maravillosos destinos, puesta por el Altísimo en la multiplicidad del Universo para que seas la redención del género humano.

¡Oh cruz!, Belleza inmaculada, que eres trofeo de la victoria del Crestos. Que eres imán de vida. Que ofreces la vida con tu árbol santo. Que extiendes tus raíces como dedos gigantescos por la hondura del suelo para donar tu fruto en los cielos infinitos.

¡Oh tú!, Cruz venerada, que eres la santa dadiva del dulce nombre como vid que florece en el jardín del Señor.

¡Oh tú!, Luz, rosa divina en la cruz, que das tu fuerza y tu sagrado poder a los que han merecidoen la dura batalla y los conduces por la mística escala que está tendida desde la tierra al Cielo, de la materia al Espíritu.

¡Oh cruz! Santa y bendita, en ti está latente la redención y bajo tu potestad y Luz excelsa nos cobijamos todos para hacer la oferta de este santo sacrificio de la unción eucarística.

Ahora un instante de meditación mientras el sacerdote, diáconos y fieles están de rodillas, luego el sacerdote de pie ofrece a los que hayan de participar de la eucaristía, primero el pan diciendo:

Este es mi cuerpo, recíbelo para tu redención.

Esto se repite con cada uno, al tiempo que toma el cáliz con jugo de uvas o vino sin alcohol y lo ofrece diciendo a cada uno:

Esta es mi sangre, recíbela que ha sido derramada, para redimir al mundo.

El sacerdote pondrá la mano derecha sobre la cabeza de cada uno y dice:

Que la paz sea contigo para que participes de la Luz.

Estando todos de rodillas el sacerdote levanta las manos en actitud de bendecir y dice:

Recibid el signo de la cruz sobre vuestroscuellos y sobre vuestros labios para que seáis herederos de la Luz.

Todos levantan la mano derecha y el sacerdote entona el mantram

I.A.O I.A.O I.A.O.

Luego cruza las manos sobre el pecho y los asistentes cantan el Tedeum laudamus:

SANTO, SANTO, SANTO, SEÑOR DE SABAOTH.

SANTO, SANTO, SANTO, SEÑOR DE SABAOTH.

SANTO, SANTO, SANTO, SEÑOR DE SABAOTH.

El sacerdote da la bendición Aaronica, finaliza el acto con la cadena.

Lavatorio. El jueves santo de cada año el sacerdote de cada santuario lavará los pies de 12 discípulos; el lavatorio pertenece al chacra prostático (la Iglesia de Esmirna), nadie podrá llegar al monte de la Transfiguración, sin haber pasado por el lavatorio: En las líneas de los pies están escritas nuestras pasadas reencarnaciones.

El Cristo nos lava los pies con las aguas seminales. El chacra prostático ejerce control sobre las vesículas seminales; El lavatorio simboliza lavar, desintegrar las maldades y lacras del pasado, con él quedamos limpios y puros. Esto naturalmente representa la santificación o Cristificación total, más tarde viene la transfiguración y entonces el cuerpo astral resplandece de gloria: Estos son los misterios de la tercera iniciación de los misterios de la fe.

Publicado en Los Misterios Mayores

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