MONOGRAFÍA Nº 5

QUETZALCOATL, EL DRAGÓN LUMINOSO DE LOS AZTECAS,

ES EL DIOS HARPÓCRATES DE LOS EGIPCIOS.

"Jinas, seres, pueblos o cosas que el velo de la cuarta dimensión oculta a nuestra vista". En la monografía número 3, hablamos de los cuatro cuerpos de pecado, éstos sirven para la manifestación del hombre en el mundo físico. El cuerpo físico es el único que conocen los profanos, desconociendo al etérico, astral y mental. El cuerpo físico puede actuar dentro de los planos o mundos suprasensibles sin perder sus características fisiológicas. En el mundo físico-químico reina la ley de la gravedad, en los mundos de la cuarta dimensión sólo la ley de levitación.

La energía desprendida del fuego solar está fijada en el corazón de la Tierra y ella es el núcleo vibrante de las células de todo ser viviente. Ella es la luz astral, el azóe y la magnesia de los antiguos alquimistas. Cuando el Maestro Jesús, el Cristo, caminó sobre las olas del mar de Galilea, llevaba su cuerpo sumergido en luz astral. La luz astral compenetra a toda la atmósfera, es la causa de los maravillosos poderes en el hombre y el fuego sagrado de toda vida.

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Por el conocimiento, la voluntad y la fe, podemos sumergir nuestro cuerpo físico en el océano infinito de luz astral, podemos desmaterializarlo o darle la forma que queramos, hacerlo elástico o fluido hasta el grado de que podamos atravesar con él planchas de hierro, montañas, paredes, etc., sin que reciba daño alguno; podemos viajar en él de un lugar a otro a velocidades supersónicas o hacer que permanezca invisible para la retina del ojo físico.

La energía solar es luz astral. Su esencia es el poder Cristónico encerrado en el polen fecundante de la flor, en el corazón del fruto del árbol, en las glándulas de secreción interna del animal y del hombre. En el hombre, su principal asiento está en el coxis. Los aztecas denominaban a este sagrado poder como la serpiente emplumada, Quetzalcoatl, que sólo despierta y asciende hasta nuestra glándula pineal por medio de la magia amorosa.

El Dios Harpócrates gobierna la energía de la luz astral. En el antiguo panteón egipcio es el símbolo viviente del Sol al salir en la entrada de la primavera. Hijo de Isis y de Osiris, nació después de la muerte de su padre en el día más corto del año y en la época en que el loto florece. Las tradiciones lo representan como ser débil que no llega a su madurez sino transformándose en Horus, o sea, en el Sol con todo su esplendor. Su culto se introdujo en Grecia y Roma con algunas alteraciones, allí aparece como dios del silencio y lo representan con el índice sobre los labios. "En el silencio tienen su punto de contacto el infinito reposo y la infinita actividad".

Publicado en Magia Cristica Azteca

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