LOS SIETE SEÑORES SUBLIMES

En verdad es la luz el PAN CÓSMICO que más sustancialmente nos nutre. Yo la sentí en las rocas milenarias de la montaña y en las aguas purísimas del río. Yo la vi como una virgen deliciosa, tejiéndose una corona de rosas para sus sienes encantadoras, entre el silencio imponente del mediodía... Yo la sentí inefable penetrar en mi alma seguida de una procesión rubia de átomos danzarines.

La hierbecilla sagrada del bosque hacia vibrar allá abajo, en el tímido arroyuelo cantarín, las ruedas tornasoles de sus delicados tallos y sumergido en el misterio un escarabajo aprendía pacientemente a levantar el mundo en cada hoja. Metido en mi gruta de anacoreta y penitente, sorprendí a las piedras en la trascendental experiencia mística de succionar la luz y de embeberse en ella con sed infinita.

Ciertamente, en esos instantes, el mundanal bullicio con todas sus vanas alegrías pasajeras y sus infinitas amarguras, había dejado de existir para mí, se había desvanecido como un sueño.

Las hojas marchitas, desprendidas violentamente de los árboles solitarios, flotando en el ambiente impulsadas por las brisas otoñales, se perdieron en la selva. La montaña exhibía en el descalabro de su soledad, los brazos mutilados de sus rocas. Momentos deliciosos entre el silencio azul del boscaje profundo... Numen encantador de la umbría.

El Adam del pecado se prosternó reverente ante eso que no tiene nombre y comprendió le necesidad de morir de instante. No somos importantes. Nuestra vida tiene el destino breve de la rosa que se abre una mañana lujuriosa y una noche se asienta desvalida. Yo no quiero el deleite sensual que envilece y enerva al pobre Animal Intelectual. El mundo y yo no se comprenden; tengo la boca triste de cantar cosas inefables y la gente no me entiende.

El terremoto humano ha destruido mi corazón y todo en él expira; la sabiduría de la muerte es terriblemente divina. No existe lazo ya, todo está roto ruégole al cielo así: ¡Bendito sea! Amargo cáliz con placer agoto; mi alma reposa al fin; nada desea. Adiós, mundo necio, voy a partir muy lejos; En breves instantes la barca de Ra se dará a la vela y surcará las ondas eternas, como alado corcel que raudo vuela, llevándome de aquí.

La meditación diaria es el pan del sabio, sin ella resulta imposible alcanzar la iluminación interior del BUDDHA. Mi concentración fue muy profunda y meditando en forma cada vez mas y más intensa, caí al fin en éxtasis. Inútiles resultaron los intentos de MARA, para alejarme del camino, vanos fueron sus esfuerzos.

En la puerta del misterio reía dichosa la luz del mediodía; allá en la remota lejanía la núbil palmera, romántica, se estremecía ebria de sol. En el rosal milanuscheco del perfumado huerto las rosas se encendían y en la fuente cristalina la espuma enjabonando las rosas sonreía. Deliciosos instantes, indescriptibles, indefinibles, inenarrables; Shamadi del asceta, fruto exquisito de la meditación.

Y me olvidé del cuerpo y de los afectos y de la muerte; ciertamente no hay mayor placer que aquél de sentirse el alma desprendida. Y surgieron en mi espíritu exquisitas vivencias, acontecimientos muy íntimos. Recordé muy vivamente el precedente MAHAMVANTARA, el ocaso de los dioses y la noche profunda.

La luna que otrora fuera un mundo lleno de luz y de vida, decididamente cayó en brazos de la muerte.

Los siete señores sublimes y las siete verdades dejaron de existir y pasaron a Ser. El Universo lunar fue devorado por aquello que ES y sin embargo no ES, para ser exhalado mas tarde. Y la vida durmió durante siete eternidades entre el seno profundo del espacio abstracto ABSOLUTO. Sin embargo, algo quedó, no todo se pierde, la muerte devora las formas pero continúa la fragancia del recuerdo. El Universo precedente quedó depositado como un simple recuerdo en la inteligencia de los dioses santos.

Escrito está con palabras de fuego que las recordaciones santas, proyectadas en la eterna pantalla de la luz increada, constituyen el Universo del PLEROMA... Jardín de felicidades en la noche del cosmos, infinitos deleites... absorción sublime, dicha inagotable.

Cada chispa virginal volvió a su llama y es obvio que la mía no fue ciertamente una excepción.

Humildemente estudié entonces en él templo aquellas enseñanzas que antiquísimos PARAMARTASATYAS (Habitantes del Absoluto), nos habían entregado en precedentes Noches Cósmicas. Esos seres ahora invisibles para todos nosotros, habían pasado más allá de nuestras propias capacidades de comprensión. ¿Cuánto tiempo duró este éxtasis? No lo sé, no quiero saberlo. Ahora todo ha pasado, hoy deshojo pacientemente el misterio de los días, hora tras hora.

Semejante al nocturno peregrino, mi esperanza inmortal arde como fuego abrasador entre la orquestación inefable de las esferas. Noche de redención, detén tus alas bordadas con la luz de mis recuerdos.

Publicado en Mi Regreso al Tibet

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