LOS HOMBRES GLACIALES

Bien, amigos, vamos a al comentar ahora algo sobre los Hombres Glaciales. Es urgente comprender el proceso de revolución de los ejes de la Tierra, los cuales acarrean distintas glaciaciones.

Se nos ha dicho que antes de la pasada glaciación, los Polos de la Tierra se encontraban en la zona que hoy corresponde a la línea ecuatorial, en forma tal que lo que era Ecuador se convirtió en Polos y viceversa; esto originó el hundimiento de la Atlántida; es claro que por tal motivo cambió la geografía terrestre.

Se ha encontrado en el Polo Norte carbón vegetal, y en la Siberia, a orillas de los grandes ríos, se han descubierto animales antediluvianos que perecieron por el frío y el hielo; tales criaturas, completamente tropicales, fueron de un momento a otro sorprendidas por el hielo y la nieve, y entonces perecieron.

La primera raza humana que existió en el mundo vivió en el casquete polar del Norte, en la Isla Secreta. Tal región fue tropical y estuvo, como ya dijimos, en la zona ecuatorial, aunque más tarde, debido a la revolución de los ejes de la Tierra, viniese a ocupar el lugar que actualmente tiene.

La primera raza que vivió, pues, en esa región, fue completamente protoplasmática.

Los cuerpos de las gentes eran dúctiles, elásticos, podían agigantarse a voluntad o empequeñecerse; no tenían la consistencia física de la humanidad actual.

Sin embargo, las personas de tal raza eran felices, percibían el mundo y las cosas en forma íntegra, completa. No sólo veían lo meramente físico, sino que también además podían ver el Alma y el Espíritu de todos los seres y las cosas.

La Tierra entera tenía entonces un bellísimo color azul intenso con sus mares y montañas.

Aunque parezca increíble, la primera raza que existió en el mundo fue de un bellísimo color negro. Empero, resulta un poco difícil comprender a las gentes actuales que en los pómulos de aquellas gentes y en sus rostros en general, a pesar de ser de raza de color, pudiese brillar cierto color y cierto matiz semejante al del fuego.

El sistema de reproducción era completamente diferente al actual; los seres humanos se reproducían en una forma muy parecida a la de la división de las células orgánicas. Ya sabemos que una célula se divide en dos y que las dos se dividen en cuatro y las cuatro en ocho, etc., etc. Así también el organismo del padre-madre, totalmente andrógino, pues no era masculino ni femenino, sino tenía ambas polaridades a la vez, en determinado momento se dividía en dos. Del padre-madre se desprendía, por decirlo así, el hijo, y éste era un acontecimiento profundamente religioso.

A muchas personas podrá parecerles extraño una raza de andróginos, mas es obvio que la primera raza humana fue así.

Las gentes de la Raza Protoplasmática tuvieron templos maravillosos, grandiosas ciudades y riquísima sabiduría divina.

Por entonces vivió en la Tierra el Ángel Uriel, quien tuvo cuerpo físico humano. Él escribió un grandioso libro con caracteres rúnicos, nórdicos, y cumplió una bellísima misión enseñando a la humanidad de aquella época.

Esta Raza Protoplasmática es el Adam-Solus del que habla la Biblia; ese Adán del cual no se había extraído la Eva de la mitología hebraica.

Han pasado los siglos, muchísimos millones de años y sin embargo, aquella raza, a pesar de haberse transformado en otras, se conserva todavía en formas muy originales, y esto es algo que puede sorprender al auditorio.

Quiero decir que no todos los individuos de aquella raza desaparecieron de la faz de la Tierra; hay cierto grupo de tales gentes primigenias que todavía viven aquí en la Tierra.

Ese misterioso grupo reside actualmente en una ciudad secreta subterránea ubicada exactamente en el Polo Norte. Esos son los Hombres Glaciales que, para bien de esta pobre humanidad doliente, aún existen.

Lo que más asombra es que dichos individuos o dicho grupo correspondiente a la primera raza, a pesar de haberse aislado para evitar todas esas transformaciones orgánicas que dieron origen a los millones de seres humanos que pueblan la faz de la Tierra, no sólo hayan conservado su pureza original, sino que además, y esto es lo más notable lograron una metamorfosis única, especial, extraordinaria.

Actualmente los miembros de tal grupo tienen hermosas presencias de tamaño humano semejante al nuestro, cuerpos perfectos de carne y hueso y gran sabiduría.

Ellos son realmente el prototipo viviente de lo que deberían ser todas las gentes de la Tierra.

No hay duda de que su ciudad subterránea bajo los hielos polares es formidable, maravillosa; poseen una alta tecnología ultramoderna; cuentan con aparatos mecánicos que corresponden a un remoto futuro; están pues, adelantados en el tiempo.

Es ostensible que tales Hombres Glaciales habrán de auxiliarnos muy especialmente en las guerras futuras, ya a través de la medicina, curando enfermos, sanando heridas, ya través de la ciencia atómica, química, procurando servir a las víctimas de las bombas microbianas o de la energía nuclear, etc., etc., etc.

Ellos pueden asistir a las gentes y pasar desapercibidos por doquier.

1. -¿Cuál es la razón de que se haya conservado esa raza sin mezclarse con la nuestra?

R.- Con el mayor placer responderé al caballero. Es claro que los hombres de la primera raza pasaron por muchas transformaciones antes de convertirse en Hiperbóreos; estas almas, aunque también fueron andróginos, se reprodujeron por medio de algo que podría llamarse brotación. Tal sistema es muy semejante al de las brotaciones de las plantas. Cualquier brote vegetal desprendido de su tronco original puede transformarse en otra planta. Así también, del cuerpo de aquellos Hiperbóreos se desprendían esporas oviformes. Tales esporas se convertían en nuevos organismos independientes.

Después de los Hiperbóreos vinieron los Lémures: gentes hermafroditas de carne y hueso que se reproducían por gemación. De tal ovario se desprendía un huevo que después de cierto tiempo se abría para salir de ahí una criatura que se alimentaba con los pechos del padre-madre.

Tal Raza Lemur se dividió en sexos opuestos después de muchos millones de años; ese acontecimiento está simbolizado en la Biblia con la alegoría aquella en que Jehová extrae una costilla de Adán a Eva. Es claro que después de haberse dividido los seres humanos en sexos opuestos, la reproducción se realizó entonces por cooperación sexual; ese es el sistema que tenemos actualmente.

Como van ustedes escuchando, la raza primitiva original se transformó en otras razas a través del tiempo y de los siglos; pasó por incesantes metamorfosis, evoluciones e involuciones, etc., etc., etc., empero hubo cierto grupo, repito, de aquella raza primitiva original, que se apartó de todas esas sucesivas metamorfosis, y que se conservó pura y virginal hasta nuestros días. Eso son los Hombres Glaciales.

2. - ¿Es posible visitar a esos Hombres Glaciales?

R.- Ya en una pasada plática registrada en este libro dijimos que es posible meter el cuerpo físico dentro de la Cuarta Dimensión; entonces enseñamos la clave, explicamos que cada individuo tiene su Madre Naturaleza particular y que si nos concentramos profundamente en ella en instantes de estarnos adormeciendo, rogándole y suplicándole el favor de meter nuestro cuerpo físico dentro de la Dimensión Desconocida, ella nos ayudaría en este sentido; entonces afirmamos que sólo nos restaba levantarnos del lecho cuidadosamente, conservando el sueño como si fuésemos sonámbulos, pero eso sí, con la Conciencia bien despierta.

En estas circunstancias, flotando en el medio ambiente circundante de la Cuarta Dimensión, podríamos visitar la ciudad de los Hombres Glaciales. Es claro que se necesita fe, mucha fe, amor al Cristo, anhelo verdadero. Sólo así es posible el triunfo.

3. - ¿Podremos visitarlos sin el permiso de ellos?

R.- Bondadosa señorita, permítame decirle en tono enfático que para el indigno todas puertas están cerradas, menos una: la del arrepentimiento.

Publicado en Mirando al Misterio

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